miércoles, 28 de abril de 2010

DESEO DE SER PUNK

Bueno, como ya sabéis, acabo de terminar de leer Deseo de ser punk de Belén Gopegui.

Por donde empiezo...el libro es un poco filosófico o, por lo menos, todo lo filosófico que pueden ser las reflexiones de una adolescente de 16 años.

Martina está obsesionada por encontrar una música que no tiene. Necesita "algo" que exprese su forma de pensar y de sentir. Una música que pueda mantener en las costillas como se mantiene día y noche la respiración. Un refugio donde acudir cuando no sepa dónde: que borre el mundo mientras la escucha.
Es realista en extremo, odia esas canciones de amores platónicos que hablan de cosas que no son, que no han sido y que nunca serán, cosas que jamás ocurrirían porque son físicamente imposibles. Quiere tener los pies en la tierra en todo momento.

Quiere canciones que digan las cosas tal y como son, sin más florituras.
Y quiere tener un código, una escala de valores a los que ser fiel por encima de todo, a los que no renunciar bajo ningún concepto. Unos valores que rijan su forma de actuar. Martina es muy activa, muchas veces se cabrea porque no puede hacer nada, no puede actuar, unas veces por ser chica, otras por ser joven. Sólo puede esperar.

El detonante es la muerte del padre de su amiga Vera, una persona que se rompió de tanto arreglar cosas rotas. Que no soportó la presión ante la única cosa que sabía y quería hacer. Que incluso él mismo se rompió tantas veces antes, que llegó un momento en el que no tenía donde poner más pegamento -me gustan estas comparaciones que hace Martina sobre cosas hechas añicos-.

El caso es que dice cosas interesantes, la mayoría están relacionadas con la falta de interés que muestra el mundo con respecto a lo que pasa en el mundo. La pasividad de la gente, la falta de actitud respecto a las personas de alrededor. Siempre habla de cosas que se rompen y nadie se para a arreglar -ya sé que me repito pero no me importa-. Para ella hace falta una revolución, los jóvenes necesitan que los adultos les escuchen, que sean conscientes de lo que les pasa, de su frustración y de su resistencia. Interrumpo la emisión para subir el volumen de vuestros receptores y que nuestra angustia os entre por las orejas. Aunque luego piense que los adultos están sobrevalorados, que sólo son jóvenes que han dejado de serlo, que no son mucho más diferentes a ellos.

Me gusta cómo para cada situación, para cada cosa que le pasa, tiene la canción adecuada, aunque no pertenezca a su música sino a la de sus padres, su hermano o su amiga.

Pero sí que es verdad que he echado de menos una historia con su principio y su fin, no una divagación tras otra con una historia de fondo que sólo nos cuenta en parte. Algo a lo que atenerme. Aunque espero que haya quedado claro que me han parecido muy válidas.

Sólo hay una que no he logrado entender y que, aunque ella es muy realista, me parece una utopía: Martina reclama la creación de locales sólo para adolescentes, a los 20 deberían abandonarlos para los siguientes, dónde pudieran acudir para estar con otros jóvenes y dónde hubiera distintas salas en las que se proyectasen películas, hubiera ordenadores para navegar, se pudiera escuchar música o simplemente pensar o pasar el rato sin tener que pagar por ello y sin que nadie te preguntase. Estar acompañado pero sin obligaciones y sin pretensiones de ningún tipo. Pide aprovechar los garajes vacíos de la gente con dinero o usar edificios en los que no vive nadie sin que te desalojen a los dos años. Y se lo pide a la gente con poder. Supongo que será una metáfora de algún tipo pero no llego a descifrarla.

Otra cosa más que me ha gustado es cuando habla de la necesidad de que las cosas sean finitas, de la necesidad de saber que se van a acabar, de saber en todo momento a qué atenerse. Por eso le gustan las canciones, los discos de vinilo que son únicos y que tienes que cuidarlos para que no se estropeen, porque no te los puede volver a bajar de Internet o copiar infinitas veces. Por eso, prefiere escribir en un cuaderno y no en un documento de word en el que puedes crear hojas y hojas. Prefiere tachar a hacer como si no se hubiese escrito. Arrancar las hojas porque aunque lo escrito no esté, sí queda la evidencia de que ha estado.
Lo bueno es que creo que al final, Martina encuentra lo que busca. Por fin logra verse en una canción, tener música.

Las canciones no funcionan así. Son surcos. Hay que oírlas varias veces. Y cada vez el surco se hace más hondo, y entonces, cuando la oyes, no sólo oyes la canción sino las emociones de las veces que la has oído.

Y con esto, no tengo nada más que decir. Saludos, Lola.

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