jueves, 20 de noviembre de 2014

El año que pasé con Bevilaqua y Chamorro. Los cuerpos extraños

El cuerpo de la actual alcaldesa de un pueblo valenciano aparece semidesnudo y con marcas de estrangulamiento en una playa próxima a su lugar de residencia. El capitán Pereira sólo confía en Vila y su equipo para investigar, con la máxima discreción, una muerte en la que podrían estar implicadas algunas de las personas más influyentes de la zona, o lo que es lo mismo concejales de urbanismo, empresarios del ocio y de la noche, constructores.... Pero en este caso, Vila no sólo deberá centrarse en esclarecer la muerte de Karen Ortí Hansen, con sus muchos posibles sospechosos, porque la alcaldesa se ganó unos cuantos enemigos, y sus escasas pistas, si no que deberá lidiar con las rencillas locales y la oculta vida sentimental de Karen, además de trabajar cuidándose de los intereses de sus superiores y de la clase política en general.

Al final, en las novelas de Silva sólo hay dos posibles culpables, los muy evidentes o los más insospechados, sólo queda entonces resolver la forma de dar con ellos.
Creo que a estas alturas no es necesario añadir nada a este respecto. Uno más para la lista. El estilo del autor sigue la misma línea. La temática elegida para esta historia es bastante actual, hablar de una corrupción a la que tristemente estamos más que acostumbrados hasta como que carece de mérito, y es más que evidente que la población está cansada de la clase política y sus chanchullos. Que aparezca un cadáver en una playa es lo único que Silva necesita incluir para crear su historia. Así que supongo que la gracia de esta novela se encuentra en la vida diaria y en los sentimientos y confidencias que nos revelan unos personajes a los que ya se les empieza a coger cariño. Si me tengo que quedar con algo de esta nueva entrega estoy segura de que es eso. Una novela que no deja de ser entretenida pero que no estaría dentro de mis favoritas de la serie.

Un saludo, Lola.

viernes, 14 de noviembre de 2014

LA FRASE DEL DÍA

No se culpe. Lo que pudo haber sido nunca importa. Por algo no fue.

Los cuerpos extraños. Lorenzo Silva. Página 218.

lunes, 22 de septiembre de 2014

La saga de los longevos. Eva García Sáenz

Adriana Alameda es una joven arqueóloga que vuelve a Santander, su ciudad natal, para incorporarse al Museo de Arqueología de Cantabría (MAC), próximo a Costa Quebrada, y con el firme objetivo de investigar los motivos que llevaron a su madre a suicidarse. Héctor, Iago y Jairo Del Castillo, más conocidos entre sus trabajadores como la Santísima Trinidad, llevan poco tiempo al frente del MAC pero necesitan contratar a una persona responsable de su Área de Prehistoria con la vocación, la experiencia y los contactos de Adriana. Para ella es el trabajo ideal y no quiere cagarla ya que supone una oportunidad para volver a sus raíces y reconciliarse con su pasado, aunque pronto se verá envuelta en un extraño triángulo amoroso lleno de odios ancestrales, celos, intrigas y secretos familiares, que cambiará su visión de la vida para siempre. Adriana nunca pensó estar tan cerca de la Historia como lo estará a partir de ahora.
La Vieja Familia está compuesta por Lur, el primero de los hombres, y sus hijos Urko, Nagorno y la pequeña Lyra, los tres de madres y épocas diferentes, los tres cargando a sus espaldas con el peso de los años, los tres tan distintos que cada cierto tiempo sienten la necesidad de vivir sus vidas por separado para después volver a reunirse. Otros quedaron atrás y esa pena es la que les ha llevado a tratar de identificar, ayudados por los avances tecnológicos del siglo XXI, el gen que les hace vivir más tiempo que al resto de los seres humanos. Esa naturaleza es la base de su secreto. Un secreto que, junto con sus identidades, nunca deberá ser desvelado.

La Saga de los Longevos. Una novela que me llamó la atención hace varios años por su curioso argumento y a la que por fin he logrado encontrar un hueco. Definitivamente, es una historia que no deja de tener su encanto por lo extraño de sus personajes y el contexto que implican las distintas ubicaciones elegidas por su autora. Además, García Sáenz sabe mantener el ritmo a lo largo de toda la trama a través de las intrigas y secretos que guarda esta singular familia. Es una pena que el pensamiento científico tenga que imponerse por esa estúpida manía de tener que explicarlo y probarlo todo. Al menos, podrían dejarnos una parcelita, aunque sea pequeña, de la literatura. De cualquier forma, esta novela no se libra de un par de peros, que a mí no me molestan pero que haberlos, hay los.

Creo que García Sáenz ha desaprovechado un par de bazas bastante buenas. Dejando a un lado la parte científica, que para mí está escrita en chino, pero del mandarino, en ésta y en cualquier otra novela,  sí que creo que en este caso está bien resuelta porque la autora no se ha complicado y ha llegado a una explicación lógica que ciertamente podría tener su fundamento.

En cuanto a la parte histórica, cuyo rigor no puedo valorar porque carezco de los conocimientos necesarios para ello, sí también para esto soy una negada, me da la impresión de que podría haber aprovechado más la oportunidad que le brindaban personajes que han vivido de primera mano la Historia. Podría haber hecho un repaso, más o menos general, de determinadas épocas históricas, podría haber incluido alguno de los acontecimientos más relevantes. En realidad, sólo hace referencia a costumbres y hábitos de la vida diaria, algunos rituales, incluso lanza ciertas interpretaciones que a mí, como lectora, pues he de reconocer que me han gustado porque no dejan de crear cierta complicidad entre el lector, el autor y los personajes. Claro que igual no estaba entre sus objetivos el de escribir una novela histórica. Algo que resulta curioso es cómo los personajes deben mostrar especial cuidado para no desvelar aspectos de la vida cotidiana de otras épocas que ellos conocen de primera mano, pero que aún no se han descubierto o son interpretadas de otra manera por la comunidad científica. Sobre todo en aquellas épocas más antiguas de las que existen escasos testimonios y se basan en especulaciones que son más o menos aceptadas por el resto de historiadores.

Algo que realmente me hubiera gustado, porque al final no deja de ser una novela romántica, es que la autora hubiese incluido algún encuentro más entre los dos protagonistas principales las anteriores veces que Iago vivió en Santander, creo recordar que sólo hay una coincidencia y tan vaga que la niña a la que se hace referencia podría haber sido cualquier otra. Por lo demás, es una novela de amorío bastante fácil y obvia, en algún punto incluso demasiado pastelosa, aunque el mundo de los museos, la arqueología, los misterios ocultos de una historia que jamás conoceremos y la perspectiva de que existan seres humanos vagando por la tierra que conocen la respuesta a tantas preguntas y que han sido testigos de lo mejor y de lo peor, pues le aportan un punto bastante especial. Además me gusta que la autora haga referencia a lugares, monumentos, piezas arqueológicas y enclaves reales, como una forma de anclar la novela a la realidad, hacerla más cercana en contraposición, o como complemento, respecto de la parte fantástica en la que se basa la historia. También es cierto que Eva García Sáenz desarrolla teorías bastante interesantes.

Por un lado, habla de la posible incapacidad de una sociedad normal de mantener a un número elevado de personas cuya naturaleza les permita vivir más de lo normal, no sólo desde el punto de vista económico, aunque supongo que en ese caso lo normal sería cambiar las normas del juego, si no también desde una punto de vista social, cultural y político, qué sociedad sería capaz de soportar el mandato de un dictador que, en condiciones naturales, podría vivir miles de años, generaciones y generaciones que no conozcan otra forma de vida. Aunque creo que eso ya pasa, no?

Por otro lado, se centra mucho en la idea de desmitificar el concepto de inmortalidad o el de eterna juventud. Puede que sean muchos los momentos felices que estas personas hayan vivido a lo largo de su extensa vida, pero al final lo que queda es la pena y el sufrimiento de ir perdiendo a los seres queridos, de no poder desvelar su verdadera naturaleza por miedo al rechazo o la incomprensión, en un mundo que teme lo diferente, de haber tenido que hacer cosas con las que quizá no estaban muy de acuerdo para sobrevivir. Supongo que llega un día en el que te ves obligado a hacer balance.

Y por otro, la autora termina por imponer la supremacía del pensamiento científico y objetivo, y habla de esos seres mitológico que en realidad eran fruto de mutaciones que en tiempos pasados eran incomprensibles e inexplicables, pero que sólo se podían entender recurriendo a la magia y la fantasía, y que se transmitieron de esa manera hasta nuestros días.

En esta novela juega un papel muy importante toda la zona de la costa cántabra, pero en especial el monte de El Castillo y su cueva. De entre todas las referencias que se hacen a hallazgos arqueológicos y a partes de esta cueva, me quedo sin duda con este lugar, por el significado que se le da en la novela, no sé si el mismo que tuviera en la Prehistoria.

La cueva de El Castillo, El Monte de El Castillo, Cantabria


No sé por qué pero cuando me decidí por esta novela tenía entendido y asumido que era una historia completa, cerrada, que no formaba ni formaría parte de ninguna saga. Pese a titularse La saga de los longevos y tenerlo frente a mis narices todo este tiempo. Venga, pero si dice saga, por el amor de Dios. El final de la novela es bastante explícito en este sentido y a pesar de eso durante unos minutos seguí pensando que quizá era una gracia de la autora. Tampoco es que te deje la historia a medias, es sólo que introduce nuevos elementos, así que...por qué no? Por una vez una novela que no se termina comiendo perdices. Pero claro, luego una se pone a buscar la portada de la novela para incluirla en esta reseña y aquí está el resultado: La saga de los longevos II, prometiendo con este título que habrá más, supongo, aunque con la suerte que me gasto últimamente en mis suposiciones...igual no.
Deseando conocer nuevas y mejores aventuras de los Longevos...

Un saludo, Lola.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El país del miedo. Isaac Rosa

La historia de la familia de Carlos es sencilla. Todo comienza el día que Rosa, su mujer, descubre que le falta dinero en la cartera. El primer impulso es pensar en un simple descuido o incluso una posible pérdida. Los días sucesivos tratará de poner más atención o ser más cuidadosa, pero el dinero le sigue faltado, billetes de pequeño valor que podrían pasar desapercibidos. Después unos pendientes que echa en falta, y si se fija bien, alguna película o cd de música. Tras un par de noches sin dormir, llega a la conclusión de que sólo puede ser la empleada marroquí que limpia su casa un par de horas a la semana, quizá su situación económica le lleve a cometer pequeños hurtos en las casas en las que trabaja. No piensa en denunciarla pero sí la despide, pese a que la muchacha niega en varias ocasiones las acusaciones y suplica a Sara que la readmita porque también la despidieron en las otras casa del mismo portal al saberse la noticia. Una simple casualidad les lleva a descubrir que es su hijo el que está detrás de las desapariciones y que es un compañero de instituto quién le obliga a llevarlas a cabo. Además descubren que Pablo ha sido agredido, parece que en varias ocasiones, por este mismo chico. Mientras Sara piensa en denunciarlo a la policía y cambiar a Pablo de instituto, Carlos cree que sería mejor tratar de resolver el conflicto mediante otras vías más encaminadas al diálogo y la comprensión, a fin de cuentas sólo son niños. Pero la vida no es sencilla y la cosa comienza a complicarse ante la falta de determinación de Carlos, los miedos comienzan a aflorar y con ellos la mentira que deberá mantener en complicidad con Pablo, por el bien de la familia.

Carlos se define como un hombre pacífico, que no se ve capacitado para hacer frente a los conflictos directos, pues para él siempre implican violencia, su mayor temor. Es una persona poco decidida, que no sabe mantenerse firme ante las posibles amenazas. Una persona con prejuicios que basa su vida en miedos, algunos inventados, en los que la imaginación, la lógica y el racionalismo juegan un papel muy importante. Cuesta imaginarse cómo alguien así puede reunir cada día el valor suficiente como para salir de su casa. Con todo esto, su personaje es bastante consecuente y su comportamiento será siempre previsible. En la vida de Sara también están muy presentes ciertos prejuicios, aún así se muestra más libre respecto del miedo, menos temerosa y quizá menos precavida frente a una posible agresión, pero es decidida y sabe lo que hay que hacer frente a determinadas situaciones. Ambos forman un matrimonio sin confianza ni comunicación, con miedo al juicio (que al final se convierte en una forma de autojuicio), a lo que pueda pensar el otro de determinados comportamientos, formas de pensar o quebraderos de cabeza existenciales y que, inevitablemente, acabará basándose en una mentira muy gorda, de esas que se mantienen por inercia y costumbre. La manera de actuar respecto al problema de Pablo es complicada, porque implica una decisión y unas consecuencias difíciles de aventurar, pero en fin...la cuestión es verse ante esa tesitura, son muchos los factores que pueden intervenir y siempre se trataría de hacer lo que uno considera que es lo correcto.
El final es bastante desconcertante porque a pesar de la violencia pagada con más violencia, la vida sigue y todo se supera. Puede rememorarse, aparecerse en sueños, pero el tiempo tiene la capacidad de relegar determinadas vivencias. ¿Es eso lo que pretende enseñarnos Isaac Rosa con esta novela? Tenéis que leer a Herman Koch ese sí que es un maestro del despiste moral.

Puede que el formato de esta historia se parezca más a una especie de ensayo novelado, si es que algo así existe, ya que pese a que nos encontramos con un conflicto real de fondo, es sólo el vehículo empleado por el autor para hacer un análisis de los miedos que podría plantearse cualquier ser humano contemporáneo, porque los miedos de otras épocas se suponen superados. Miedos sociales, antropológicos, históricos y culturales, incluso económicos. Unos miedos más justificados que otros, situaciones con más base para ser temidas que otras, otras más inverosímiles o exageradas cuando la imaginación entra en juego, pero al final, durante los días posteriores a la lectura de esta novela, los miedos del protagonistas se hacen propios, y durante esos días, el mundo se mira con otros ojos. Cada rostro, cada lugar, cada movimiento es analizado con cierto recelo. Tranquilos, se pasa.

En ese análisis, el autor tiene muy presentes el papel que juegan, en el imaginario de cualquier persona, los medios de comunicación, el cine y la literatura, así como las implicaciones de la mente en el desarrollo y creación de nuevos miedos. Según esto, es posible temer más un dolor previsible, pensado o imaginado, que un dolor real y físico. Se puede temer más al personaje estereotipado que al real, igual que el miedo pensado y psicológico puede intimidar más que el real. Eso de que la realidad supera la ficción no sería tan literal, creo que en ese sentido no somos conscientes del poder que ejerce la mente sobre el cuerpo. Claro que en algunos casos, Isaac Rosa juega con la exageración, pero es que a veces esa es la única forma de llamar la atención respecto de algo. ¿Quién no ha pensado alguna vez en la posibilidad de que le asalten la casa, incluso estando dentro, mientras uno duerme? son cosas que pasan, que de hecho han pasado, todos vemos la tele o leemos el periódico, pero yo no me voy a la cama todos los días pensando que algo así podría ocurrirme esa misma noche, ni siquiera si me despierto en mitad de la noche por haber escuchado un ruido. Igual que tampoco me planteo cual sería la mejor forma de actuar para evitarme la paliza de los ladrones. Resulta evidente la capacidad del autor para materializar y mostrar a través de la palabra, miedos que quizá uno no sienta porque nunca a pensado en ellos, nunca ha sido capaz de traspasar esa línea.

En algún sitio han comparado esta novela con las de Cormac McCarthy, yo sólo he leído La carretera y me pareció mucho más sugerente, evocadora y a la vez más cruda, fatalista y desoladora que El país del miedo. Ni siquiera creo que el estilo de ambos guarde alguna relación.

Para ser sinceros, y a estas alturas no tengo nada que perder en este sentido, sólo me animé a leer esta novela porque me enteré de que preparaban la película y el protagonista era interpretado por uno de mis actores favoritos, José Luis García Pérez. Ahora me parece una lectura interesante y recomendable que podría haber leído antes.

Esta es la portada del libro que yo he leído pero preferí poner la otra porque creo que ilustra mejor la filosofía de la novela, es mucho más ilustrativa. En el contexto que dibuja el autor, la única forma de sobrevivir es el aislamiento, la ceguera.

Un saludo, Lola.

Los horrores son soportables mientras se trate sólo de sufrirlos, pero matan cuando se reflexiona sobre ellos. Erich Marie Remarque.

jueves, 31 de julio de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. LA MARCA DEL MERIDIANO

Os adelanto desde ya que en esta reseña seré breve por dos razones. Primera, me voy de vacaciones y no tengo mucho tiempo para dedicarle a esto. Es como una tarea pendiente e ineludible que tengo que llevar a cabo antes del fin de semana, así que cuanto antes, mejor. Y segunda, me da la sensación de que después de seis novelas sobre los mismos temas y con los mismos protagonistas, empiezo a repetirme. Siento que ya no sé qué decir que no haya dicho antes. Así que creo que con la séptima lo mejor para todos es que vaya al grano.

Resulta que llegan a manos del (ahora) coronel Pereira las fotografías de un subteniente retirado al que han colgado de un puente en Logroño. Pereira confía en Vila para llevar el caso no sólo por su más que demostrada competencia, si no por los años de servicio que compartieron en Barcelona. Rafael Robles fue su superior y mentor durante los años en que estuvo destinado en la ciudad condal y ya coincidió con él años atrás en la resolución del caso de Neus Barutell. Así que Vila se siente obligado a esclarecer su asesinato, además de porque así se lo requiere un superior, por el deber moral que le une a Robles y el respeto que siempre sintió hacía a su persona. Todo se enreda bastante, aunque consiguen apañarse bien, porque son varias las jurisdicciones que afectan al caso y varios los cuerpos de seguridad que deben trabajar en él. Además, para rizar el rizo, entra en juego el brigada López de Asuntos Internos. Supongo que de este detalle es fácil deducir que en esta historia se descubrirán algunos trapos sucios del Cuerpo. Ovejas negras que no merecen vestir el uniforme ni servir a la seguridad del ciudadano. Guardias que decidieron cruzar la linea y que deberán pagar por ello por legítimos (o no) que fueran sus motivos. Con su regreso a Barcelona, Vila tendrá que hacer frente, de una vez por todas y por dolorosos que le sean, a sus recuerdos de los años vividos en Barcelona, de cómo lo tuvo y lo perdió todo. Esta vez no le resultará tan fácil desterrarlos a lo más profundo de su memoria como ya lo hiciera la última vez que recorrió las calles de esa ciudad. Al mismo tiempo, tendrá que esquivar los recelos de Chamorro, que muy bien intuye que Vila no es del todo sincero respecto a lo que puede saber sobre los trabajos que realizaba Robles y los motivos que llevaron a sus asesinos a ajustarle las cuentas de la manera en que lo hicieron.

Nuevas incorporaciones, ascensos en la escala de mandos, todos más viejos, más sabios y más templados pero la misma conclusión, el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Las tentaciones son difíciles de rechazar cuando se presentan delante de uno y más, cuando ese uno dispone de cierta ventaja respecto del resto y carece de un mínimo de escrúpulos. Negocios sucios, tráfico de personas, prostitución, drogas, corrupción...esta historia no se priva de nada. Una vez más, se utiliza esta novela para hacer una crítica de las condiciones bajo las que debe trabajar la Guardia Civil, se vuelven a mencionar las diferencias legendarias entre madrileños y catalanes, y algo que creo que es personal y que debe responder a algún episodio traumático vivido por el propio Lorenzo Silva, las compañías aéreas low cost vuelven a ser objeto de la ira del autor. Personalmente, no estoy muy de acuerdo con las conclusiones de Vila respecto del caso, aunque supongo que es inevitable medir con otro rasero cuando el afectado te toca de cerca.

Otra entrega, que todo parecía apuntar a que sería la última pero que resulta que no, de la serie de Bevilacqua y Chamorro y que aprovecho para recomendar aunque sólo sea por el rato de entretenimiento. Además creo que es de las que más me ha gustado leer, o menos me ha costado leer, quizá porque es la más intimista y en la que se revela parte de lo que atormenta al pobre de Vila. Ahora se entienden muchas cosas.

Ganó el Premio Planeta 2012, certamen en el que Silva participó con este manuscrito que entiendo, resultaría de todo menos anónimo, a no ser que se presentara a sus protagonistas bajo otros nombres. Pero... en fin, con estos calores propios del verano como que no apetece hacer una reflexión profunda sobre las justicias e injusticias del mundo editorial. Un mundo y un negocio que, dicho sea de paso, a mi se me queda grande pero que en mi imaginación se presenta como lleno de intereses, conspiraciones e intrigas. Ains! ¡Qué ganas tengo y qué falta me hace un descanso!

Un saludo y feliz verano, Lola.

P.D: Esto no acaba aquí, ahora tengo pendiente Los cuerpos extraños, y supongo que estaría bien una especie de reflexión final que recoja mis impresiones sobre la serie, no?. No sé si estoy preparada para algo así pero, en todo caso, eso será a la vuelta. Ahora sigo con la novela que me debía de Kenyon, que aunque da más calor del que quita, al menos no da en qué pensar.

P.D. 2: Por cierto, ¿qué tendrá pensado hacer Silva con Vila cuando tenga que jubilarle? Ahora ronda los cincuenta. ¿Qué le quedan, 10 o 15 años de servicio? ¿Le convertirá en un investigador privado, viejo y amargado, pero con la intuición necesaria como para seguir resolviendo asesinatos? Quién sabe, aunque eso suena más a novela, qué se yo... ¿americana?

miércoles, 30 de julio de 2014

LA FRASE DEL DÍA

Aquí, a dos celdas de donde yo me encuentro escribiendo estas líneas, hay un recluso que dice que en corredor de la muerte no hay ateos.


El paciente. Juan Gómez-Jurado. Página 53

martes, 8 de julio de 2014

El paciente. Juan Gómez Jurado

El dilema que plantea esta novela es sencillo, ¿qué estaría dispuesto a hacer un padre por salvar la vida de su hija? Yendo aún más lejos ¿qué estaría dispuesto a hacer el doctor Evans por salvar la vida de su hija después de no haber sido capaz de salvar la vida de su mujer?¿Cualquier cosa?, ¿y si tuviera que matar a otro ser humano, en contra de todos los principios que juró defender y haciendo uso de la ventaja que el confiere su condición de médico?, ¿y si ese ser humano fuera la persona más poderosa del planeta, el Presidente de los Estados Unidos, El Paciente? ¿Cualquier cosa?


La vida de David nunca fue fácil pero su suerte cambió el día que fue adoptado por la familia Evans. Su padre adoptivo era médico y supo valorar la vocación que nacía en el joven Dave, quién con mucho esfuerzo y trabajo logra convertirse en uno de los neurocirujanos más importantes de Estados Unidos, consigue un buen trabajo en uno de los hospitales más elitistas de Washington y tiene la familia ideal. Pero ahora, el doctor David Evans no pasa por su mejor momento. Desde la muerte de su mujer no hace otra cosa que no sea trabajar, se ha vuelto una persona arisca, antipática y desagradable, y ya no dedica el tiempo que debería, ni el que le gustaría, a su hija. La cosa empeorará el día en que llegue a su casa después de una larga operación, y la encuentre vacía. El trato es simple, si David quiere recuperar a Julia, la operación a la que necesita someterse el Presidente de los Estados Unidos deberá salir mal y El Paciente deberá morir.

Con la excusa de estar escribiendo una novela en la que narrará todo lo acontecido, David nos hará partícipes de su historia desde una celda del corredor de la muerte. ¿Cómo llega hasta allí? Lo tenéis fácil si queréis averiguarlo.

Pese a que la historia sería firme candidata a ser el argumento de una de esas películas de sobremesa, con las que da gustito echarse la siesta, puede que por el american way of life que destila, la verdad es que es una novela entretenida, interesante y con el punto justo de morbosidad para que el lector busque cualquier excusa, buena o mala, que le permita seguir leyendo. Narrada en primera persona, directamente desde el corredor de la muerte, busca la cercanía y proximidad con un lector del que se presupone conoce un suceso que tuvo trascendencia internacional. Y eso es algo que me gusta pues le da verosimilitud a una historia que, contada de otra manera, no tendría más remedio que carecer de ella. Además del punto de vista de David, se intercalan capítulos en los que la protagonista es su cuñada Kate, que trabaja como agente del Servicio Secreto y que se verá obligada a intervenir, teniendo que elegir entre el deber y la lealtad. Y no nos podemos olvidar del tercer vértice del triángulo, el frío, letal y despiadado señor White, el cerebro encargado de urdir un plan tan retorcido como el que le plantea a David pero que en realidad sólo cumple órdenes de sombras más oscuras y poderosas. Así no es más que una marioneta pero capaz de llevar a cabo algunas de las acciones más impactantes de la novela. Más allá de la disyuntiva principal, no existen temas secundarios que no sean telas de araña conspiratorias, amores secretos, imposibles y frustrantes, reproches, remordimientos y culpabililidades personales y una dura crítica al sistema médico estadounidense.

Sinceramente no era muy partidaria de Gómez-Jurado, y eso que nunca había leído nada suyo. Sus contratos con Dios y sus espías nunca llegaron a llamar mi atención, pero mira tú por dónde que este tema sí que despertó mi interés y me ha gustado tanto su lectura que no dudaré en recomendarla e incluso puede que me anime con sus otras novelas.

Un saludo, Lola.

P.D: Después de un mes sin ninguna inspiración para la lectura y del merecido paréntesis que supone esta novela, vuelvo con Silva y su penúltimo caso de Vila y Chamorro.