lunes, 7 de abril de 2014

Huesos en el jardín. Henning Mankell

Huesos en el jardín es la última novela publicada dentro de la Serie Wallander, aunque fue escrita con anterioridad y la historia que narra deberíamos ubicarla cronológicamente entre CortafuegosEl hombre inquieto. Al parecer Mankell publicó esta novela en 2004 pero nunca tuvo intención de que se tradujera a otros idiomas, hasta que la BBC mostró verdadero interés por incluir esta historia en su adaptación para la televisión. Lo que sí está claro es que todo parece apuntar a que El hombre inquieto es y será el último caso de Kurt Wallander

Kurt Wallander vive con su hija en un pequeño apartamento ubicado en Miriangata desde que ésta comenzó a trabajar como policía en la comisaría de Ystad . Linda y él se llevan bastante bien pero ya empiezan a recordar a un matrimonio de ancianos. Lo que más desea Wallander en ese momento es comprarse una casita en el campo, tener un perro y lo que resultaría más complicado de conseguir, una mujer que lo entendiera y con la que pudiera compartir su tiempo. Su compañero Martinsson le ofrece las llaves de una vieja casa propiedad de un primo de su mujer y que pretenden vender ahora que el anciano ha ingresado en una residencia de la que él mismo sospecha no saldrá con vida - me encanta el humor azuloscurocasinegro presente en toda la novela -. La casa está en la zona de Löderup, cerca de donde vivía su padre, por lo que todo allí le resulta bastante familiar. Wallander ya está imaginando su vida allí, incluso el precio que acuerda con Martinsson le resulta asequible para su sueldo y sus ahorros de policía, cuando recuerda haber tropezado con algo extraño en la parte trasera del jardín. La cuestión es que no es un rastrillo o una raíz, si no los huesos de una mano. Y así es como se esfuman las ensoñaciones de Kurt y comienza un nuevo caso para Wallander. Un caso que a todas luces parece complicado por el tiempo que ha transcurrido desde la muerte del cadáver y por la época en la que tendría lugar, justo en plena Guerra Mundial, cuando el tránsito de personas en toda esta zona era difícil de controlar.

Una novela fácil de leer que uno se asegura pasar un rato entretenido - aunque corto, un par de tarde a lo sumo, una si es un día de lluvia como el de hoy -, con un desarrollo de la trama lógico e impecable, sin demasiados tiempos muertos durante la investigación que puedan hacer perder el interés por la historia. Es evidente que en ciertos aspectos no se den demasiados detalles o sólo se apunten algunos datos, sobre todo en el tiempo en que van surgiendo nuevas informaciones o líneas de investigación, pero que más se le puede pedir a una novela de algo más de 150 páginas. Me gusta Kurt Wallander, tiene un carácter curioso en el que se mezcla la desesperanza propia de no tener la vida que a uno le gustaría y el humor más siniestro con el gusto por la ópera y el vino tinto. Su hija también es interesante, es una joven independiente, seca y distante. Y creo que tienen una relación muy bonita, ésa en la que el padre no puede engañar a la hija porque cada gesto le delata, en la que la hija no pierde la oportunidad de regañar al padre y en la que los momentos de silencio dicen más que aquellos llenos de palabras sin sentido. Tampoco puedo añadir mucho más, es lo que tiene empezar por el final, aunque debo admitir la curiosidad que siento, además de por el resto de novelas de la serie, por la que protagoniza Linda Wallander, Antes de que hiele, y por El retorno del profesor de baile, en la que el protagonista es Stefan Lindman, otro policía perteneciente a la misma comisaría.

Por último, añadir lo curioso del posfacio que escribe Mankell y que se incluye en la última parte de esta publicación. En él, el autor reflexiona sobre las circunstancias que le llevaron a crear el personaje de Kurt Wallander así como la motivación de las distintas historias en las que se ve envuelto. Todo indica que fue el racismo, o la lacra de la que nunca se librará Suecia, como él mismo asegura, lo que provocó en él la necesidad de escribir. Al mismo tiempo hace balance de lo que ha supuesto para él Kurt Wallander y las implicaciones que tendrá la idea, creo que no muy firme, de no volver a escribir sobre él.

Un saludo, Lola.

P.D: este año no me quito de encima la novela negra ni aunque me lo proponga pero estoy preparada.

martes, 1 de abril de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. LA NIEBLA Y LA DONCELLA

En esta ocasión, Vila y Chamorro aterrizan en La Gomera por expreso deseo del destino, y la reapertura de un caso que tuvo lugar hace algo más de dos años, todo hay que decirlo. El ahora subdelegado del gobierno es familiar de la madre del chico al que encontraron asesinado en el parque nacional de la isla, y ésta no parará de presionarle hasta que consiga que se vuelva a investigar todo lo relacionado con la muerte de su hijo pues el que fuera acusado entonces, Juan Luis Gómez Padilla, en ese momento concejal y vicepresidente del cabildo insular, fue declarado inocente después, eso sí, de pasar un año en prisión. Los dos investigadores vuelven a repasar todos los detalles del caso cuyo desarrollo parece, a primera vista, bastante lógico, contando esta vez con la ayuda de la guardia Anglada, una joven que entonces estaba destinada en La Gomera y que participó directamente en la investigación.
En un paisaje de una belleza exuberante y casi fantasmagórica, Vila y Chamorro deberán andar el camino que antes andaran sus compañeros rezando por tener mejor suerte que ellos, o quizá no sea una cuestión de azar sino de atención, concentración y madurez. Lo que está claro es que nunca hay que dejarse llevar por las apariencias o los deseos personales. Las pasiones nublan la razón - no se dónde he oído esto antes pero os aseguro que no puede ser más acertado, dado el caso que nos ocupa -.

La conclusión más directa y evidente; parece fácil, aunque no ineludible, dejarse llevar y verse arrastrado por el bando contra el que se lucha. Supongo que cuando la oportunidad se tiene tan cerca como para poder tocarla con la punta de los dedos y las supuestas ventajas son tan seductoras, cuesta mantener la rectitud moral y, aunque se puedan mantener ciertos valores, es duro renunciar al dinero que dicha actividad pueda reportar, más cuando se tiene una visión fatalista del presente y el futuro, se goza de un mínimo de poder y se tiene la certeza absoluta de que nada puede fallar. Supongo que lo que Silva pretende poner de manifiesto es la corruptividad de la carne, o si lo preferís, que el ser humano es débil por naturaleza, aunque hay algunos que lo llevan mejor que otros.

Dejando esto a un lado, creo que Lorenzo Silva se sirve de esta novela para teorizar sobre la muerte y sobre lo que ésta supone para el ser humano pues son muchas las reflexiones que se ofrecen a este respecto. Hay una frase que me ha llamado especialmente la atención, cuando Vila declara, ...y que saboreo, a través de esa persona cercana, la muerte que quizá no seré capaz de saborear en mí mismo, cuando me toque. Página 272. Creo que se refiere a que el dolor que puede experimentarse con la muerte de un ser querido sería muy próximo al que podría sentirse ante la muerte propia. Es como una extensión de ese dolor.

Tampoco pasa desapercibida la crítica que hace, a través de Vila, en relación al sistema judicial y penitenciario. Simplemente no confía en las cárceles como centros de reinserción si no existe una intención de reeducación por parte del individuo y según él, eso depende mucho del futuro que le espere fuera de ese centro, aunque eso no significa ni mucho menos que esté de acuerdo con otros tipos de castigo. Otro aspecto curioso, que no sé hasta que punto se corresponderá con el sentimiento real que se tenga desde el punto de vista del guardia civil, es la imagen de los jueces como niños malcriados y prepotentes, deseosos de marcar las distancias y de que se les reconozca su estatus y el poder que éste les reporta. En ocasiones incluso, tanto jueces como abogados y fiscales, los de las togas negras, son presentados como seres despiadados que no tienen en consideración los sentimientos de los familiares, testigos o imputados.

Hay cosas que no me gustan, como el contexto familiar de Vila, que en esta novela aparece de la nada como si siempre hubiera estado allí. No es que no me guste, de hecho agradezco que tenga vida fuera del Cuerpo, es sólo la forma de presentarlo, así a quemarropa y sin previo aviso, consiguiendo que aflore un sentimiento de traición al menos en mí, como lectora - igual suena tremendista, quizá sea una actitud contagiosa-. Me niego a presuponer que esa parcela de la vida personal del sargento no formara parte del plan inicial, prefiero pecar de romántica y creer que fue el propio Silva el que necesitó saber más de los personajes que él mismo había creado y decidió que lo justo era situarlos en un plano más real y dotarles de un contexto. Prefiero pensar que en esta novela los personajes empezaron a formar parte de su autor. Tampoco me agrada la pomposidad innecesaria que el sargento Vila aporta a sus discursos, pero eso ya lo sabíais. Lo que sí creo es que cada vez más, con cada novela, la personalidad de Vila se muestra más marcada y perfilada, que poco a poco se va aproximando a lo que se conoce como el antihéroe, ese sujeto atormentado, pesimista y pesaroso, desconocedor de sus virtudes, que ejerce sobre él una fuerte autocrítica porque todo es culpa suya y podría haberlo evitado si no fuera un cafre. - Además es una forma de encontrarme con los míos. He caído derrotado a menudo, página 215-. Menos mal que Chamorro está a su lado para aliviarle la carga.
Igual ocurre con otros personajes que aparecen en esta historia y en los que se repite la particularidad de que, a raíz de determinados acontecimientos ocurridos en su vida, han llegado a conocerse a sí mismos, como seres humanos. Así, el autojuicio está muy presente a lo largo de toda la narración y me he dado cuenta de que, pese a que lo más lógico y natural sería que uno fuera benévolo con sigo mismo, en realidad es todo lo contrario. Se tiende a ser mucho más duro, cruel e intransigente.
Otro aspecto positivo que aportar es que después de leer esta novela, tengo la firme sensación de que en ella, Silva apuesta más fuerte y se atreve a rebasar ciertos límites a los que ni se acercaba en las novelas anteriores, igual las historias no lo requerían, pero me ha parecido más atrevido. Como para empezar a tomarle en serio. De cualquier forma, la historia es bastante entretenida y en un punto, es hasta imprevisible.

Un saludo, Lola.

P.D: Nadie podía impedir, una vez que ellas lo habían decidido, aquel misterioso y fatídico abrazo entre la niebla y la doncella - Página 355-


 P. D 2: si lo que describe Lorenzo Silva en esta novela es cierto y tengo la ocasión, procuraré no perderme el paisaje de La Gomera.

jueves, 13 de marzo de 2014

Pasaje de las Sombras. Arnaldur Indridason

Vaya, parece que la novela negra ha llegado a mi vida con intención de quedarse una temporada. Últimamente son las únicas historias que consiguen captar mi atención. En fin...Qué le vamos ha hacer! Etapas que una tiene que pasar en la vida...pero no estamos aquí para hablar de mi.

He de confesar que ya conocía a Arnaldur Indridason. Creo que fue el año pasado cuando leí La mujer de verde, novela que me encantó, una historia dura pero contada con notable maestría. Así que cuando me planteé Pasaje de las sombras, Ganadora del VII Premio RBA de Novela Negra 2013, pues no me costó mucho tomar la decisión. Me apetecía mucho la idea de volver a leer a este autor.

No hay que olvidar que su personaje estrella es Erlendur Sveinsson, protagonista de Las marismas, La mujer de verde, La voz, El hombre del lago e Invierno ártico, que si mis cálculos no fallan son sus últimas novelas traducidas, aunque en esta historia decide prescindir de él para crear tres investigadores excepcionales; Flóvent y Thorson que trabajarán juntos en Reikiavik, poco después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y Konrád, policía retirado que jugará un papel muy importante en la actualidad, también en Reikiavik. Lo que no varía, al menos respecto de la novela que yo ya conocía, es su ubicación espacial pues vuelve a situar la narración en Reikiavik, pese a que hace continuas alusiones a otras zonas del norte del país, y su ubicación temporal ya que una parte de la trama nos remonta hasta la Segunda Guerra Mundial. Parece que se siente cómodo en estas latitudes y en esta época histórica. Además repite el uso de la misma práctica en relación con la estructura de la novela, basada en continuos saltos en el tiempo, y que ya dominaba de forma magistral. Simplemente creo que explota una forma de narrar que conoce y que le funciona fenomenal. Algo que, al mismo tiempo, no creo que sea fácil. Hay que saber muy bien cómo unir dos historias cuando han pasado años entre ellas y conseguir que todo funcione y quede bien atado. El único pero que le pondría y que sirva como aviso para futuros lectores, es que en ocasiones resulta un poco confuso ubicarse en el tiempo cuando hay personajes que siguen vivos en ese presente y que vuelven a formar parte de la investigación. Saber quién ha contado qué, en qué momento y a quién. Supongo que es cuestión de pararse a pensar de vez en cuando.
No sé como lo hace, pero Indridason es capaz de dotar a la historia de cierto magnetismo. Consigue que el lector se implique en una historia que siendo ajena en tantos aspectos, resulta tan cercana, llena de encanto y sutileza, pero al mismo tiempo fría, hermética y silenciosa. Será un tópico, pero es que todo resultan tan nórdico...

Por otro lado, hace un excelente repaso de la historia de Islandia sirviéndose de unas pocas pinceladas que resultan ser suficientes para hacerse una idea de la situación del país en los años que rodearon la Segunda Guerra Mundial; la ocupación de los aliados, primero ingleses y después americanos, el Desembarco de Normandía visto desde una cierta distancia, y la posterior independencia de Dinamarca. La sociedad que dibuja Indridason resulta ciertamente penosa, familias enteras viviendo en sótanos o en casas de chapa, pasando frío y hambre, y numerosas granjas al norte del país que tampoco lo tenían fácil para sobrevivir. Y por si esto fuera poco, varias crisis económicas y la terrible epidemia de gripe española que asoló la capital en 1918. Es cierto que también empezaron a surgir sectores con futuro que gozarían de cierto auge y por supuesto, la clase alta de la sociedad que también estaba presente en ese momento. No estoy muy puesta en historia islandesa pero por lo que cuenta el autor, la situación que vivían los habitantes de Islandia era bastante cruda, o al menos lo era en el Barrio de las Sombras. Al mismo tiempo, es posible hacerse una idea exacta de una determinada parcela de la cultura y tradiciones del país basada en leyendas sobre elfos, hadas y palacios encantados, y cómo éstas podrían haber influido en la vida cotidiana de los islandeses.

Para terminar, el machismo y la violencia de género vuelven a estar muy presentes en la obra de Indridason y aunque sólo lo insinúe, afectan directamente a ciertos personajes de la historia. Es cierto que en La mujer de verde ofreció una visión mucho más dura respecto del papel de la mujer en dicha sociedad, hasta convertirlo en el tema principal de la novela, pero en ésta vuelve a constatar el drama con el que, incluso hoy, nos vemos obligados a luchar. En este caso, nos introduce en lo que se llamó la situación, que no era otra cosa que el hecho de que las mujeres islandesas comenzaran a establecer relaciones con los militares que ocupaban el país, algo que no era del agrado de los hombres de bien islandeses.

Y después de todo ésto, imagino que querréis saber de qué trata esta novela.

Bien, pues resulta que la Policía judicial de Reikiavik, alertada por una vecina, descubre el cadáver de un anciano y aunque todo parece indicar que el pobre hombre ha muerto por causas naturales, la autopsia revela que fue asfixiado. En su casa se descubren un par de recortes de periódico que datan de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, en referencia a la investigación llevada a cabo sobre el asesinato de una joven encontrada junto al Teatro Nacional. Konrád ya está jubilado pero mantiene una estrecha relación con Marta, la policía que está a cargo de la investigación. Pronto comienza a mostrar un interés por el caso cada vez más personal  pues él vivió en ese barrio y su padre le habló en alguna ocasión de la familia de Rósamunda. Al poco tiempo, descubren que el anciano es un tal Thorson, un canadiense de origen islandés que perteneció a la policía militar y que colaboró con Flóvent, de la Policía judicial, en el caso de Rósamunda. A partir de aquí, se empiezan a mezclar el pasado y el presente como si sólo fueran uno. La historia relacionada con la muerte de la joven se verá vinculada con el asesinato del anciano, teniendo ambas como nexo de unión el Pasaje de las Sombras.

Un saludo, Lola.

P. D: Por si os interesa,  La mujer de verde. A Indridason

sábado, 1 de marzo de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. EL ALQUIMISTA IMPACIENTE

Bien, pues esta es la segunda historia en la que la pareja de detectives formada por Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro se ve involucrada. El alquimista impaciente, aquel que en su obsesión por la transmutación de los metales lo que obtiene es una versión empeorada y corrompida de su propia naturaleza.

Supongo que ha pasado algún tiempo desde que resolvieran el asesinato de la joven aparecida en Mallorca pues la relación entre ambos investigadores se muestra más estable. Ambos se han aceptado como pareja de trabajo, se conocen mejor y son capaces de aventurar las reacciones del otro ante determinados acontecimientos, personajes del día a día o comentarios. Ahora les toca enfrentarse al hallazgo del cuerpo de un hombre de mediana edad, en la habitación de un motel en una zona - indeterminada, incierta, desconocida -de la Alcarria, y colocado en una posición según la cual todo parece apuntar a que la muerte pudo deberse al desarrollo de determinadas prácticas sexuales. Vila y Chamorro consiguen llegar a la escena mucho antes de que el juez levante el cadáver o de que la policía científica lo ponga todo patas arriba, de manera que consiguen tener acceso a información de primera mano, así como a la identidad de la víctima y a una serie de conexiones interesantes a partir de la cuales dirigir sus investigaciones. Pero, a pesar de determinados datos que resultaban prometedores, el caso no avanza, el tiempo pasa sin pistas ni sospechosos determinantes y, finalmente, la investigación deberá cerrarse. Algo que tampoco ayudará a esta pareja es la carismática personalidad de la víctima y su ejemplar comportamiento, que harán imposible poder relacionarla con ningún tipo de negocio turbio o ilegal. Pero el destino es caprichoso y gracias a una serie de casualidades, el caso podrá reabrirse y destapará un retorcido plan en el que la ambición, el orgullo, el poder y el dinero, darán cuenta de otro oscuro y primario pliegue de la naturaleza humana.

Una vez leída esta novela, he de reconocer que me gusta mucho la relación que se va creando entre Vila y Chamorro, basada en el tira y afloja de esa confianza que resulta inevitable cuando se trabaja a diario y durante una cantidad importante de horas junto a otra una persona, y la necesidad del respecto a los galones, en una entidad en la que la escala de mandos y la jerarquía son esenciales. Por otro lado, me encantan los dilemas interiores de Vila, que oscilan entre la sorpresa, la admiración, el cariño y el afecto hacía su compañera. Creo que, en alguna ocasión, le gustaría cruzar la línea, pero supongo que tienen más peso las consecuencias que tendrían esos actos. En la parte contraria, me da la sensación que lo de Virginia es pura admiración, y que la siente tanto hacia la persona como hacia el profesional. Igual, con el tiempo, nos descubre que lo suyo, en realidad, era amor sincero y verdadero, - no me lo perdería por nada del mundo -.
En lo referente a la historia, no sé, pero me parece que en definitiva y analizándolo con cierta perspectiva, resulta bastante sosa y nada interesante. Es una pena porque creo que Silva tiene muy buenas ideas. De hecho, la novela empieza de una manera lo bastante inquietante como para querer seguir leyendo, pero según avanza la narración, la historia pierde fuerza y termina por quedarse en poco. Otra cosa son las ayudas inesperadas del destino, que no digo que no puedan existir pero que resultan difíciles de creer. En este caso concreto, creo que el hecho de que la investigación sufra un parón de meses y se alargue en el tiempo, es una circunstancia que se nota en la lectura y no juega nada en su favor. Tengo que decir que me gustó mucho más El lejano país de los estanques, pero esto como lo demás, son sólo opiniones personales y subjetivas.

De cualquier manera, es innegable que ciertamente resulta una buena lectura, de ésas con las que se pasa un rato entretenido pero sin nada más que poder comentar al respecto. No he sido capaz de ver si existe algún tipo de moraleja o de reflexión digna de considerar. Podríamos hablar de la corrupción, del poder del dinero, pero nada de esto resultaría más escandaloso que lo que vemos en el telediario todos los días, claro que igual habría que tener en cuenta que esta novela se escribió en el 1999. No recuerdo si por aquel entonces la cosa era ya tan evidente.

Un saludo, Lola.

P. D: Creo que existe una adaptación de esta novela con Ingrid Rubio y Roberto Enríquez, pero por el momento no me apetece ni oír hablar de ella.

miércoles, 26 de febrero de 2014

LA FRASE (FRAGMENTO) DEL DÍA

Los policías científicos son sujetos que nunca se precipitan. No aseguran nada que no hayan confirmado en la pulcra soledad de su laboratorio. A veces me parece que desprecian un poco a la gente como yo, gente que vive de barruntos confusos y razonamientos inciertos, único material deductivo que me acompaña durante una buena parte de mis investigaciones.

Página 19. El alquimista impaciente. Lorenzo Silva.



Yo nunca he sido de las que piensan que nadie se conoce mejor que uno mismo, pero en este caso, Vila no podía haber dado una definición más precisa de su propia persona.

viernes, 7 de febrero de 2014

La portada del día



Hacía mucho que no publicaba una entrada con la portada de una novela como protagonista, pero tenías razón Vane, es una portada de la que es inevitable enamorarse.

Un saludo, Lola.

domingo, 2 de febrero de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. EL LEJANO PAÍS DE LOS ESTANQUES.

Os cuento mi plan. Este año tengo la intención de ponerme, al fin, con Lorenzo Silva. Hace años que me ronda la idea de leer la serie que protagonizan Rubén Bevilacqua, sargento de la Guardia Civil, y la guardia Virginia Chamorro. Ya había leído a Silva en La flaqueza del bolchevique, y me habían hablado muy bien de estas novelas, pero me pareció que lo más justo sería empezar por el principio, aunque he de confesar que hace un par de años ya existió un acercamiento con Nadie vale más que otro, una recopilación de casos investigados por la ya consolidada pareja. Desde entonces, se convirtió en una asignatura pendiente, como uno de esos propósitos que se hacen a comienzo de cada año pero que luego nunca se cumplen. Parece ser que los astros se han alineado de tal manera para que en 2014 esto tome forma.


Era primavera, y las golondrinas, al pasar, se mojaban las puntas de las alas en las aguas oscuras del lejano país de los estanques (Virginia Wolf) (en la novela de Silva, página 281)

En Mallorca, el verano ya toca a su fin cuando una joven austriaca aparece asesinada en el chalet que comparte con la que podría ser su amante. El cuerpo desnudo de Eva Heydrich aparece colgado de una viga del salón y todo apunta a que la dueña de la casa,  Regina Bolzano, desaparecida desde hace unos días, es la autora del crimen pues no ha sido difícil encontrar el arma con sus huellas. El asunto parece claro, pero para confirmar todas las sospechas y conseguir las pruebas necesarias, además de dar con el paradero de Bolzano, viajan desde Madrid dos miembros de la Guardia Civil, el sargento Bevilacqua y la guardia Chamorro, con órdenes de atar todos los cabos y cerrar el caso según la línea de investigación marcada por los agentes de Palma. Pero ya desde el principio, el instinto le dice a Bevilacqua que podrían existir otras hipótesis. Así, ambos investigadores, que desde Madrid no empiezan con buen pie debido a sus experiencias personales y laborales, tendrán que colaborar y trabajar junto con los agentes de Palma para esclarecer todos los acontecimientos que rodearon la muerte de Eva. No muy tarde descubren que durante los días que pasó en la isla, la joven se ganó la enemistad de muchos habitantes de la zona, complicando el caso aún más. El resultado es una historia marcada por turbulentos sentimientos y oscuras intenciones. Después de todo, cabe la posibilidad de que el ser humano nunca esté libre de todo prejuicio. Por muchos años que perdure la humanidad, el hombre siempre se creerá con derecho a juzgar.

Rubén Bevilacqua es un hombre de mediana edad, de sólidos principios, aunque a veces algo subjetivos, honesto y riguroso pero que se deja llevar por sus instintos. Un buen investigador al que le gusta la seguridad de su cargo, pues considera el simple hecho de seguir las órdenes de sus superiores como una manera cómoda de no tener que cuestionarse determinadas cosas. La curiosidad de su apellido le lleva a sospechar que alguien de su familia pudiera ser de origen italiano, pero lo más dramático es que carga con un oscuro secreto, que de momento sólo ha sido sutilmente insinuado, y que guarda desde que su madre regresara de Uruguay con él, pero sin su padre. Y Virginia Chamorro es una joven guardia de veinticinco años, resignada a ingresar en la Guardia Civil después de ser rechazada en varias ocasiones por el ejército. Es disciplinada, inteligente y tímida, lo que hace que el resto de sus compañeros pongan distancia. Acaba de empezar en el Cuerpo por lo que su experiencia es escasa pero apunta maneras. Ya veremos cómo se va desarrollando la relación entre ambos personajes a lo largo de las siguientes novelas. Sin duda, los dos forman una pareja perfecta por lo diferente de sus caracteres.

De esta lectura, me gusta la inquietante idea de no saber hasta el final quién es el autor del crimen, aunque me niego a renunciar a ese momento en el que como persona ajena a la acción, el lector es consciente de quién es el asesino. Ese instante en el que uno, desde la más tierna de las ingenuidades, piensa que va por delante de los protagonistas. Habría que estar muy atentos a las pistas que se dan a lo largo de la investigación y ser muy perspicaz para adelantarse a estos dos - a Chamorro y Bevilacqua -, y de hecho es de agradecer la reflexión final en la que se pone orden a los acontecimientos y se explican las motivaciones de cada uno de los implicados - es como cuando estas leyendo y cada vez quedan menos páginas y vas y te preguntas: pero bueno, entonces quién ha sido?-. Claro que esto también puede ser peligroso si al mismo tiempo resulta desconcertante y exasperante para el lector. Además pese a que es una lectura limpia y no presenta ningún problema a la hora de seguir el hilo de la narración, incluso el vocabulario y la sintaxis empleados por Silva son agradablemente sencillos, Rubén Bevilacqua me resulta demasiado barroco y retorcido a la hora de expresarse, hasta el punto de que, en ocasiones, es difícil seguirle en sus reflexiones. Cuesta estar a su altura cuando habla de su trabajo y de las implicaciones morales y personales que supone para él. Por lo demás, una historia redonda. Sólo añadiré y a sabiendas de que está muy feo decirlo debido a las circunstancias, que me he reído mucho con algunas de las ocurrencias de Bevilacqua, un hombre muy ocurrente que pone en más de un apuro a Chamorro, siempre en pos de la investigación.

Esto no ha podido empezar mejor y me muero de ganas por leer el siguiente caso. Estoy deseando ver la evolución de los personajes y del autor. Al final, es de suponer que después de tantas historias, habrá un poco de cada uno en los otros y quién sabe, a lo mejor también termina por haber un poco de ellos en nosotros.

Un saludo, Lola.

P. D: Esta misma tarde empiezo con El alquimista impaciente.