miércoles, 30 de julio de 2014

LA FRASE DEL DÍA

Aquí, a dos celdas de donde yo me encuentro escribiendo estas líneas, hay un recluso que dice que en corredor de la muerte no hay ateos.


El paciente. Juan Gómez-Jurado. Página 53

martes, 8 de julio de 2014

El paciente. Juan Gómez Jurado

El dilema que plantea esta novela es sencillo, ¿qué estaría dispuesto a hacer un padre por salvar la vida de su hija? Yendo aún más lejos ¿qué estaría dispuesto a hacer el doctor Evans por salvar la vida de su hija después de no haber sido capaz de salvar la vida de su mujer?¿Cualquier cosa?, ¿y si tuviera que matar a otro ser humano, en contra de todos los principios que juró defender y haciendo uso de la ventaja que el confiere su condición de médico?, ¿y si ese ser humano fuera la persona más poderosa del planeta, el Presidente de los Estados Unidos, El Paciente? ¿Cualquier cosa?


La vida de David nunca fue fácil pero su suerte cambió el día que fue adoptado por la familia Evans. Su padre adoptivo era médico y supo valorar la vocación que nacía en el joven Dave, quién con mucho esfuerzo y trabajo logra convertirse en uno de los neurocirujanos más importantes de Estados Unidos, consigue un buen trabajo en uno de los hospitales más elitistas de Washington y tiene la familia ideal. Pero ahora, el doctor David Evans no pasa por su mejor momento. Desde la muerte de su mujer no hace otra cosa que no sea trabajar, se ha vuelto una persona arisca, antipática y desagradable, y ya no dedica el tiempo que debería, ni el que le gustaría, a su hija. La cosa empeorará el día en que llegue a su casa después de una larga operación, y la encuentre vacía. El trato es simple, si David quiere recuperar a Julia, la operación a la que necesita someterse el Presidente de los Estados Unidos deberá salir mal y El Paciente deberá morir.

Con la excusa de estar escribiendo una novela en la que narrará todo lo acontecido, David nos hará partícipes de su historia desde una celda del corredor de la muerte. ¿Cómo llega hasta allí? Lo tenéis fácil si queréis averiguarlo.

Pese a que la historia sería firme candidata a ser el argumento de una de esas películas de sobremesa, con las que da gustito echarse la siesta, puede que por el american way of life que destila, la verdad es que es una novela entretenida, interesante y con el punto justo de morbosidad para que el lector busque cualquier excusa, buena o mala, que le permita seguir leyendo. Narrada en primera persona, directamente desde el corredor de la muerte, busca la cercanía y proximidad con un lector del que se presupone conoce un suceso que tuvo trascendencia internacional. Y eso es algo que me gusta pues le da verosimilitud a una historia que, contada de otra manera, no tendría más remedio que carecer de ella. Además del punto de vista de David, se intercalan capítulos en los que la protagonista es su cuñada Kate, que trabaja como agente del Servicio Secreto y que se verá obligada a intervenir, teniendo que elegir entre el deber y la lealtad. Y no nos podemos olvidar del tercer vértice del triángulo, el frío, letal y despiadado señor White, el cerebro encargado de urdir un plan tan retorcido como el que le plantea a David pero que en realidad sólo cumple órdenes de sombras más oscuras y poderosas. Así no es más que una marioneta pero capaz de llevar a cabo algunas de las acciones más impactantes de la novela. Más allá de la disyuntiva principal, no existen temas secundarios que no sean telas de araña conspiratorias, amores secretos, imposibles y frustrantes, reproches, remordimientos y culpabililidades personales y una dura crítica al sistema médico estadounidense.

Sinceramente no era muy partidaria de Gómez-Jurado, y eso que nunca había leído nada suyo. Sus contratos con Dios y sus espías nunca llegaron a llamar mi atención, pero mira tú por dónde que este tema sí que despertó mi interés y me ha gustado tanto su lectura que no dudaré en recomendarla e incluso puede que me anime con sus otras novelas.

Un saludo, Lola.

P.D: Después de un mes sin ninguna inspiración para la lectura y del merecido paréntesis que supone esta novela, vuelvo con Silva y su penúltimo caso de Vila y Chamorro.

jueves, 5 de junio de 2014

El año que pasé con Bevilaqua y Chamorro. LA ESTRATEGIA DEL AGUA

Vila comienza esta novela de mala leche y más desencantado con la sociedad de lo que es habitual en él porque a un juez se le ha ocurrido la idea de soltar a un tipo al que le costó mucho meter entre rejas. Incluso ha pensado en abandonar la empresa para la que trabaja. Así se entiende que no esté de humor para afrontar un nuevo caso que, a priori, no le atrae nada, la ejecución de un hombre en el ascensor de su propio edificio. La víctima es Óscar Santacruz y aunque al principio todo apunta a que los dos tiros se los había ganado por jugar dónde y con quién no debía, pronto se descubre que la realidad bien podía ser otra después de mantener sendas conversaciones con la hermana y la novia del fallecido. Aunque en un principio Vila manifiesta cierta cautela a la hora de considerar las declaraciones de ambas mujeres por la subjetividad que llevan implícitas, poco a poco, va descubriendo los hilos de una red en la que los celos, la soberbia y la traición, en un marco legal y judicial del que es posible cuestionarse su adaptabilidad a situaciones reales, se muestran como las motivaciones más bajas que llevan a un ser humano a creerse en posición de amenazar, perseguir y arrebatarle la vida a otro. Para este caso, además de con su ya inseparable Virgi, contará con la colaboración del guardia Juan Arnau, la nueva incorporación que será además objeto de las burlas de Vila, y con la cabo Salgado, a la que ya conocíamos de anteriores entregas pero que se nos muestra ahora como una auténtica revelación dentro de sus limitaciones, claro.

Parece que cada vez aguanto mejor, o me molestan menos, las reflexiones filosóficas de Vila, también es cierto que se ven agradablemente recompensadas con algunos de sus comentarios, diálogos y actuaciones. Una pena que esto esté llegando a su fin, por el momento y hasta que Silva quiera. Por otro lado, se agradece la incorporación de sangre fresca, creo que ya iba llegando la hora de las novedades. Ahora esto es un trío como dios manda. Además reconozco el carácter cada vez más humano de los personajes, que aciertan y se equivocan como el resto de los mortales, nótense a este efecto ciertos detalles entre Chamorro y Salgado. Supongo que siempre estaremos, por las razones que sean, atados al lastre de los prejuicios. Quizá estemos ante una de las consecuencias de nuestra condición de seres pensantes, dotados de raciocinio, que tienden a vivir en sociedad y a relacionarse con seres semejantes. En fin, supongo que habrá que aprender a vivir con ello porque no nos engañemos, nadie está libre de sucumbir a ellos. Además, creo que es un arma de doble filo pues nos sentimos enormemente satisfechos cuando acertamos con ese primer juicio, incluso nos enorgullecemos de nuestra intuición, pero inmensamente humillados en caso contrario por la injusticia que llegamos a cometer. Vaya creo se me está pegando esta fea manía de la reflexión gratuita.

En cuanto a la temática, creo que con esta historia Lorenzo Silva es especialmente duro respecto de las leyes que regulan la custodia de los hijos en los casos de divorcio, y expone la injusticia a la que se ve sometido el género masculino frente al femenino, cuando bien es verdad que la capacidad o incapacidad para hacerse cargo de los hijos no es cuestión de género si no de personalidad y es algo que consigue gracias a la identificación, aunque parcial, de Vila con la víctima. Ambos divorciados y obligados a ejercer la paternidad una vez cada dos fines de semana y quince días en vacaciones, claro que uno con más suerte que el otro. Además, en este caso, aprovecha para hacer extensible esta denuncia a las leyes relacionadas con la violencia de género. Unas medidas justas y necesarias siempre que se persiga a quienes traten de beneficiarse de estas leyes haciendo un mal uso de las mismas, y siempre que quienes están encargados de aplicarlas y hacerlas cumplir, cuenten con los medios y los recursos necesarios para tal efecto.

Respecto a esta novela, he de decir que es una de las que más me han gustado de la serie. A pesar de que su planteamiento es sencillo, resulta una historia con un desarrollo lógico, coherente e interesante - aunque hay un fleco que a mí se me queda suelto, pero también puede ser que sospechara sin razón -. Lo que apunta que el éxito no está en la complejidad, sino en el buen hacer. Pero desde ya puedo decir que esta no será mi favorita pues he leído la trasera de La marca del meridiano, y sólo con eso ya promete.

La estrategia del agua es la capacidad de adaptarse a las particularidades del terreno, a las vicisitudes que se nos muestran en el día a día, en la lucha que cada uno afronta como mejor puede y sabe, pero siempre con valor y resistencia, siempre con constancia y persistencia, sin dejarse vencer o doblegar. Así, de una u otra manera, el alma perdura. Más allá de que esta idea surge como planteamiento de una estrategia bélica, creo que no hay guerra más encarnizada que las batallas del día a día. Como filosofía de vida no está nada mal. Con esto me quedo...

Un saludo, Lola.

P.D: Justo después de escribir esto me entero de que Lorenzo Silva acaba de publicar otra novela para Vila y Chamorro, Los cuerpos extraños. La cosa tiene delito!

jueves, 8 de mayo de 2014

El año que pasé con Bevilaqua y Chamorro. LA REINA SIN ESPEJO

Neus Barutell, una famosa presentadora de TV, aparece apuñalada en su casa de Zaragoza. Todo apunta a un crimen pasional, por las circunstancias en que la policía encuentra el cuerpo, pero en el que el marido queda descartado desde el minuto cero por tener coartada. Además, pronto se descubrirá que el suyo era un matrimonio peculiar, basado en el respeto y la admiración, pero en el que cada uno era poseedor de su propio espacio. Vila y Chamorro acuden a Zaragoza para ayudar en la investigación y pronto deben trasladarse a Barcelona ya que la vida de Neus se desarrollaba en la Ciudad Condal. Madrid-Zaragoza-Barcelona, Guardia Civil-Policía Local-Mossos d'Escuadra, una combinación curiosa, interesante y prometedora.

Pese a que es parte de su trabajo y ha de resignarse a ello, a Vila no le hace demasiada ilusión volver a la ciudad que le acogió durante tres años de su servicio. Al parecer, algo pasó durante ese tiempo, algo de lo que Vila no está muy orgulloso, y que consiguió marcarle para los restos. Por si esto fuera poco, en varias ocasiones da a entender que, con su traslado a Madrid, se dejó a alguien allí sin que todavía conozcamos las circunstancias en las que eso ocurrió. Mi lectura al respecto es que, desde ese momento, su vida se vio afectada de manera considerable pero no ha pasado una sola noche sin que se pregunte que hubiera pasado si... Así que no nos queda otra que hacer frente a un Vila mucho más melancólico y derrotado, atormentado por los fantasmas que dejó en Barcelona diez años atrás. Hay un personaje que aparece en esta novela, un tal Robles, que vivió lo que vivió Vila y que creo que volverá a aparecer en un futuro no muy lejano ayudándonos a descubrir el pastel. No sé por qué pero me da que no nos va a gustar mucho lo que nos desvele, o nos hará considerar a Vila desde otra perspectiva. Claro, que todo esto son conjeturas personales y puede que me equivoque de largo.
En este punto, he de confesar que por más que lo intento, sigo sin pillarle el punto a Vila cuando empieza a dar rienda suelta a su palabrería, de hecho creo que algunas de sus reflexiones me sobran, y creo que en ocasiones, aunque él lo niegue, observa a los que le rodean desde una posición elevada, emitiendo juicios de valor enmascarados. Aunque entiendo que despierte curiosidad para con sus compañeros de oficio, no deja pasar la ocasión de demostrar lo que aprendió en la carrera, por mucho que reniegue de ello.
En cuanto a Chamorro, nada que añadir, sigue creciendo y evolucionando como persona, cada vez se muestra más confiada y Vila la tiene en muy buena estima por su valía como investigadora. Va sumando puntos.
Algo que me parece interesante y sobre lo que merece la pena reflexionar, es la idea que introduce Silva a través de la figura de Neus Barutell. Es inevitable que se cree cierta distancia entre los personajes que gozan de cierta fama y el resto de la humanidad, es lógico que el resto de los mortales necesitemos descubrirles las miserias propias de su condición humana, y es igualmente cierto, para bien o para mal, que en ocasiones les otorguemos un estatus, una imagen y una personalidad que están muy alejadas de la realidad, llegando a crear seres ideales. Así, Neus se debate entre su yo más íntimo y personal, la imagen que proyecta a través de los medios de comunicación y el personaje que de ella crean los demás. Supongo que en cierto modo, es como mirarse a través del espejo. No cabe duda de que son las consecuencias de la fama.

Poco más que añadir. La verdad es que hacia la mitad de la investigación, el caso parece que promete, pero su resolución termina siendo bastante simple. Nada retorcido. En realidad, se trata de no dejar cabos sueltos. En esta ocasión se vuelve a dar la circunstancia de que algunos de los que se encuentran junto a la línea se deciden a cruzarla, pura estadística según Vila. A parte de esto, hay un par de temas que aparecen en distintas partes de la narración. Sin intención de meterme mucho en el jardín que es la política, Silva alude en varias ocasiones al independentismo catalán y el sentimiento que despierta en los catalanes. Se sirve de una institución, la Guardia Civil, formada por personas que provienen de distintas partes del país para poner en contraste las distintas posiciones frente a este tema. En este sentido, creo que Silva no puede evitar caer en algunos tópicos. El cambio generacional es algo que también preocupa al autor, con este viaje, Vila se da cuenta de que se hace mayor, no sólo cuando mira hacia su hijo sino cuando lo hace hacia las nuevas promociones que van ingresando en el Cuerpo, comprobando que el abismo que se abre es cada vez mayor.

En fin, creo que me ratifico en lo dicho en anteriores reseñas. La novela, con su historia y sus personajes, es entretenida y proporciona un buen rato, pero sigo encontrando demasiados peros. Igual dentro de nada pasan a ser prejuicios y no consigo deshacerme de ellos ni con todo el empeño del mundo.

Un saludo, Lola.

P.D: Así fue como conoció, y no pudo resistir , la soledad inmensa y definitiva de la reina sin espejo. Página 379.

lunes, 5 de mayo de 2014

LA FRASE DEL DÍA

Quizá la sabiduría de un hombre no se mida tanto por las luces que adquiere como por las sombras de las que acierta a despojarse en el camino de la vida.


Página 258. La reina sin espejo. Lorenzo Silva.

lunes, 7 de abril de 2014

Huesos en el jardín. Henning Mankell

Huesos en el jardín es la última novela publicada dentro de la Serie Wallander, aunque fue escrita con anterioridad y la historia que narra deberíamos ubicarla cronológicamente entre CortafuegosEl hombre inquieto. Al parecer Mankell publicó esta novela en 2004 pero nunca tuvo intención de que se tradujera a otros idiomas, hasta que la BBC mostró verdadero interés por incluir esta historia en su adaptación para la televisión. Lo que sí está claro es que todo parece apuntar a que El hombre inquieto es y será el último caso de Kurt Wallander

Kurt Wallander vive con su hija en un pequeño apartamento ubicado en Miriangata desde que ésta comenzó a trabajar como policía en la comisaría de Ystad . Linda y él se llevan bastante bien pero ya empiezan a recordar a un matrimonio de ancianos. Lo que más desea Wallander en ese momento es comprarse una casita en el campo, tener un perro y lo que resultaría más complicado de conseguir, una mujer que lo entendiera y con la que pudiera compartir su tiempo. Su compañero Martinsson le ofrece las llaves de una vieja casa propiedad de un primo de su mujer y que pretenden vender ahora que el anciano ha ingresado en una residencia de la que él mismo sospecha no saldrá con vida - me encanta el humor azuloscurocasinegro presente en toda la novela -. La casa está en la zona de Löderup, cerca de donde vivía su padre, por lo que todo allí le resulta bastante familiar. Wallander ya está imaginando su vida allí, incluso el precio que acuerda con Martinsson le resulta asequible para su sueldo y sus ahorros de policía, cuando recuerda haber tropezado con algo extraño en la parte trasera del jardín. La cuestión es que no es un rastrillo o una raíz, si no los huesos de una mano. Y así es como se esfuman las ensoñaciones de Kurt y comienza un nuevo caso para Wallander. Un caso que a todas luces parece complicado por el tiempo que ha transcurrido desde la muerte del cadáver y por la época en la que tendría lugar, justo en plena Guerra Mundial, cuando el tránsito de personas en toda esta zona era difícil de controlar.

Una novela fácil de leer que uno se asegura pasar un rato entretenido - aunque corto, un par de tarde a lo sumo, una si es un día de lluvia como el de hoy -, con un desarrollo de la trama lógico e impecable, sin demasiados tiempos muertos durante la investigación que puedan hacer perder el interés por la historia. Es evidente que en ciertos aspectos no se den demasiados detalles o sólo se apunten algunos datos, sobre todo en el tiempo en que van surgiendo nuevas informaciones o líneas de investigación, pero que más se le puede pedir a una novela de algo más de 150 páginas. Me gusta Kurt Wallander, tiene un carácter curioso en el que se mezcla la desesperanza propia de no tener la vida que a uno le gustaría y el humor más siniestro con el gusto por la ópera y el vino tinto. Su hija también es interesante, es una joven independiente, seca y distante. Y creo que tienen una relación muy bonita, ésa en la que el padre no puede engañar a la hija porque cada gesto le delata, en la que la hija no pierde la oportunidad de regañar al padre y en la que los momentos de silencio dicen más que aquellos llenos de palabras sin sentido. Tampoco puedo añadir mucho más, es lo que tiene empezar por el final, aunque debo admitir la curiosidad que siento, además de por el resto de novelas de la serie, por la que protagoniza Linda Wallander, Antes de que hiele, y por El retorno del profesor de baile, en la que el protagonista es Stefan Lindman, otro policía perteneciente a la misma comisaría.

Por último, añadir lo curioso del posfacio que escribe Mankell y que se incluye en la última parte de esta publicación. En él, el autor reflexiona sobre las circunstancias que le llevaron a crear el personaje de Kurt Wallander así como la motivación de las distintas historias en las que se ve envuelto. Todo indica que fue el racismo, o la lacra de la que nunca se librará Suecia, como él mismo asegura, lo que provocó en él la necesidad de escribir. Al mismo tiempo hace balance de lo que ha supuesto para él Kurt Wallander y las implicaciones que tendrá la idea, creo que no muy firme, de no volver a escribir sobre él.

Un saludo, Lola.

P.D: este año no me quito de encima la novela negra ni aunque me lo proponga pero estoy preparada.

martes, 1 de abril de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. LA NIEBLA Y LA DONCELLA

En esta ocasión, Vila y Chamorro aterrizan en La Gomera por expreso deseo del destino, y la reapertura de un caso que tuvo lugar hace algo más de dos años, todo hay que decirlo. El ahora subdelegado del gobierno es familiar de la madre del chico al que encontraron asesinado en el parque nacional de la isla, y ésta no parará de presionarle hasta que consiga que se vuelva a investigar todo lo relacionado con la muerte de su hijo pues el que fuera acusado entonces, Juan Luis Gómez Padilla, en ese momento concejal y vicepresidente del cabildo insular, fue declarado inocente después, eso sí, de pasar un año en prisión. Los dos investigadores vuelven a repasar todos los detalles del caso cuyo desarrollo parece, a primera vista, bastante lógico, contando esta vez con la ayuda de la guardia Anglada, una joven que entonces estaba destinada en La Gomera y que participó directamente en la investigación.
En un paisaje de una belleza exuberante y casi fantasmagórica, Vila y Chamorro deberán andar el camino que antes andaran sus compañeros rezando por tener mejor suerte que ellos, o quizá no sea una cuestión de azar sino de atención, concentración y madurez. Lo que está claro es que nunca hay que dejarse llevar por las apariencias o los deseos personales. Las pasiones nublan la razón - no se dónde he oído esto antes pero os aseguro que no puede ser más acertado, dado el caso que nos ocupa -.

La conclusión más directa y evidente; parece fácil, aunque no ineludible, dejarse llevar y verse arrastrado por el bando contra el que se lucha. Supongo que cuando la oportunidad se tiene tan cerca como para poder tocarla con la punta de los dedos y las supuestas ventajas son tan seductoras, cuesta mantener la rectitud moral y, aunque se puedan mantener ciertos valores, es duro renunciar al dinero que dicha actividad pueda reportar, más cuando se tiene una visión fatalista del presente y el futuro, se goza de un mínimo de poder y se tiene la certeza absoluta de que nada puede fallar. Supongo que lo que Silva pretende poner de manifiesto es la corruptividad de la carne, o si lo preferís, que el ser humano es débil por naturaleza, aunque hay algunos que lo llevan mejor que otros.

Dejando esto a un lado, creo que Lorenzo Silva se sirve de esta novela para teorizar sobre la muerte y sobre lo que ésta supone para el ser humano pues son muchas las reflexiones que se ofrecen a este respecto. Hay una frase que me ha llamado especialmente la atención, cuando Vila declara, ...y que saboreo, a través de esa persona cercana, la muerte que quizá no seré capaz de saborear en mí mismo, cuando me toque. Página 272. Creo que se refiere a que el dolor que puede experimentarse con la muerte de un ser querido sería muy próximo al que podría sentirse ante la muerte propia. Es como una extensión de ese dolor.

Tampoco pasa desapercibida la crítica que hace, a través de Vila, en relación al sistema judicial y penitenciario. Simplemente no confía en las cárceles como centros de reinserción si no existe una intención de reeducación por parte del individuo y según él, eso depende mucho del futuro que le espere fuera de ese centro, aunque eso no significa ni mucho menos que esté de acuerdo con otros tipos de castigo. Otro aspecto curioso, que no sé hasta que punto se corresponderá con el sentimiento real que se tenga desde el punto de vista del guardia civil, es la imagen de los jueces como niños malcriados y prepotentes, deseosos de marcar las distancias y de que se les reconozca su estatus y el poder que éste les reporta. En ocasiones incluso, tanto jueces como abogados y fiscales, los de las togas negras, son presentados como seres despiadados que no tienen en consideración los sentimientos de los familiares, testigos o imputados.

Hay cosas que no me gustan, como el contexto familiar de Vila, que en esta novela aparece de la nada como si siempre hubiera estado allí. No es que no me guste, de hecho agradezco que tenga vida fuera del Cuerpo, es sólo la forma de presentarlo, así a quemarropa y sin previo aviso, consiguiendo que aflore un sentimiento de traición al menos en mí, como lectora - igual suena tremendista, quizá sea una actitud contagiosa-. Me niego a presuponer que esa parcela de la vida personal del sargento no formara parte del plan inicial, prefiero pecar de romántica y creer que fue el propio Silva el que necesitó saber más de los personajes que él mismo había creado y decidió que lo justo era situarlos en un plano más real y dotarles de un contexto. Prefiero pensar que en esta novela los personajes empezaron a formar parte de su autor. Tampoco me agrada la pomposidad innecesaria que el sargento Vila aporta a sus discursos, pero eso ya lo sabíais. Lo que sí creo es que cada vez más, con cada novela, la personalidad de Vila se muestra más marcada y perfilada, que poco a poco se va aproximando a lo que se conoce como el antihéroe, ese sujeto atormentado, pesimista y pesaroso, desconocedor de sus virtudes, que ejerce sobre él una fuerte autocrítica porque todo es culpa suya y podría haberlo evitado si no fuera un cafre. - Además es una forma de encontrarme con los míos. He caído derrotado a menudo, página 215-. Menos mal que Chamorro está a su lado para aliviarle la carga.
Igual ocurre con otros personajes que aparecen en esta historia y en los que se repite la particularidad de que, a raíz de determinados acontecimientos ocurridos en su vida, han llegado a conocerse a sí mismos, como seres humanos. Así, el autojuicio está muy presente a lo largo de toda la narración y me he dado cuenta de que, pese a que lo más lógico y natural sería que uno fuera benévolo con sigo mismo, en realidad es todo lo contrario. Se tiende a ser mucho más duro, cruel e intransigente.
Otro aspecto positivo que aportar es que después de leer esta novela, tengo la firme sensación de que en ella, Silva apuesta más fuerte y se atreve a rebasar ciertos límites a los que ni se acercaba en las novelas anteriores, igual las historias no lo requerían, pero me ha parecido más atrevido. Como para empezar a tomarle en serio. De cualquier forma, la historia es bastante entretenida y en un punto, es hasta imprevisible.

Un saludo, Lola.

P.D: Nadie podía impedir, una vez que ellas lo habían decidido, aquel misterioso y fatídico abrazo entre la niebla y la doncella - Página 355-


 P. D 2: si lo que describe Lorenzo Silva en esta novela es cierto y tengo la ocasión, procuraré no perderme el paisaje de La Gomera.