jueves, 13 de septiembre de 2012

El príncipe mecánico. Cassandra Clare

Acabo de termina esta novela, después de meses intentándolo, y no sé por qué me da que esta reseña va a ser cortita, llamadme visionaria si queréis.

Después de que los cazadores de sombras perdieran la pista a Mortmain, conocido entre los subterráneos como el Magíster, y de que se descubriera alguna que otra negligencia en el funcionamiento del Instituto de Londres, la Clave se ve obligada a pedir responsabilidades a la directora del mismo, Charlotte Branwell. Tendrá dos semanas para descubrir el paradero de Mortmain y sus planes respecto a la Clave y los cazadores y al destino de Tessa, la joven neoyorkina (o neoyorquina) de naturaleza extraña e insólitos poderes. De fracasar la investigación, la gestión del Instituto londinense pasará a manos de Benedict Lightwood quién piensa que una mujer no está capacitada para otra cosa que no sea criar nuevas generaciones de cazadores.

Así es como arranca esta segunda entrega de Los Orígenes en la que se mantienen prácticamente los mismos personajes salvo por la aparición de la familia Lightwood y, ya al final de la novela, de algunos personajes secundarios nuevos, se mantiene el mismo triángulo Will-Tessa-James y si no fuera por ciertos personajes, ciertos diálogos y escasas aunque importantes e impactantes revelaciones sería una lectura de lo más soporífera. Sin duda es una novela de transición en la que no se adelanta nada respecto a la trama principal si bien la autora despierta cierto interés en el lector con los enredos de amores y desamores del ya mencionado trío y que son los únicos que han dado un poco de emoción a la lectura. En fin, es que no sé que más podría añadir al respecto pero de todas las novelas que he leído de esta serie, sin duda ésta ha sido la más indiferente. Quizá la tercera parte nos descubra algo más respecto a lo que sea, cualquier cosa.

Un saludo, Lola.

P.D: Os dejo el enlace a la reseña de la primera entrega de Los Orígenes,
El ángel mecánico. Cassandra Clare


viernes, 7 de septiembre de 2012

Cuatro días de enero. Jordi Sierra i Fabra

Otra novela que se me cruza a destiempo, otra serie que me veré obligada a leer -imposible no sentirse interesada por el destino de los protagonistas- y otro autor que descubro, o mejor, redescubro, no sin gusto -la verdad es que ya conocía a Sierra i Fabra de sus novelas juveniles pero nunca antes me había molestado por estas otras-.

Cuantro días de enero son los cuatro días previos a la llegada de las tropas franquistas a Barcelona, la última zona que aún resiste. Con la derrota del Ebro aún presente, la ciudad se prepara con incertidumbre para los días oscuros que vendrán con la nueva España. Una ciudad derrotada, cansada y hambrienta, que deberá asumir su futuro no sin antes haber derramado sudor, sangre y lágrimas y  no sin que la rabia les consuma por la impotencia ante el desenlace final. El 23 de enero de 1939 Miquel Mascarell decide acudir a la comisaría donde solía trabajar ahora convertida en el fiel reflejo de lo que es y será su vida desde que se conocieran las últimas noticias sobre los bombardeos en los alrededores. Un lugar desolado, con muestras de la rápida y obligada huida de sus compañeros, precisamente lo que él debería estar haciendo en ese mismo momento. Por el contrario, el silencio que reina en el lugar le lleva a plantearse sus posibilidades y a hacer balance de su vida como profesional y como persona. Justo entonces, sus pensamientos se ven interrumpidos por la aparición de una vieja conocida a la que tuvo que detener en varias ocasiones denunciada por algún cliente, la Reme. Su hija lleva días desaparecida y la mujer está preocupada aunque lo más probable es que la chica haya huido con algún joven, bien por amor, hambre o deseo, pero los acontecimientos del día siguiente desatan en Miquel un sentimiento de culpabilidad que le hará sentir la necesidad de resolver el misterio sobre el paradero de Merche. Quizá su último caso en una ciudad que ya carece de ley y de autoridad.

Miquel Mascarell es un policía maduro, íntegro, sereno, atormentado por sus pérdidas y fiel a la República, que ahora se encuentra ante la duda moral que supone tener que cuestionarse si tiene sentido pararse a investigar el caso de Merche, justo en ese momento, o por el contrario, le iría mejor estando al lado de su mujer, enferma de cáncer o mejor aún, huyendo junto a ella hacia Francia de una muerte más que segura. En cualquier caso, lo que descubra de esta oscura historia le resultará a todas luces sorprendente. Una vez más, la naturaleza más cruel del ser humano aflora a la superficie y el monstruo que algunos llevan dentro se ve liberado ante la certeza de creerse a salvo de toda culpa. La impunidad que genera el poder de los que son o fueron poderosos alcanza niveles extremos en una ciudad con escasez de todo, donde la miseria es el día a día y donde chicas como Merche o Patro son capaces de hacer cualquier cosa por sobrevivir.

Una lectura complicada por su fuerte carga emocional y por la visión que el autor nos ofrece de la ciudad de Barcelona y por extensión, del resto de España, en este momento concreto de su Historia. En esta novela se dan cita el amor, la amistad, la justicia, pero también el cansancio y la derrota, la tristeza y la compasión, y más allá el odio, la venganza y la traición. Me ha gustado mucho y sorprendido a la vez, la destreza que muestra el autor al crear una serie de sentimientos dentro la novela que después traslada al propio lector. Creo que eso tiene más mérito si cabe, cuando dicho lector es ajeno a unos acontecimientos que, desde la distancia, simplemente forman parte de la Historia de ese país y aún así, genera en él un interés por saber lo que ocurrió en esos días y lo que significó para esa personas que aún no sabían lo que se les venía encima. Además resulta genial la forma en que Sierra i Fabra es capaz de desarrollar una trama dando los debidos detalles del contexto en el que tiene lugar, sin dejar de lado un pensamiento colectivo a través del desarrollo personal de sus personajes, con un estilo y un lenguaje tan brillante.

Fuera de toda polémica, me quedo con la idea y la certeza de que los que realmente defendían las ideas más facciosas y radicales fueron los últimos en pisar el frente. Me quedo con la pena de saber que muchos de los que derramaron su sangre no pidieron estar allí o dieron en el bando equivocado, fueron muchas las familias cuyos miembros se vieron separados y obligados a luchar entre ellos. Y algo que me parece muy injusto, si no lo fue todo, es la manera en que se consintieron y alimentaron en la población, unas esperanzas que ya no tenían fundamento pues la guerra ya tenía a sus vencedores y de nada valía ya la resistencia. Según el autor, el día 26 de enero ya sólo les quedó ser pacientes y esperar el momento adecuado, cuando en un futuro más o menos cercano, tuvieran la oportunidad de volver a luchar por la democracia y la libertad.

Me quedo con esta frase sobre todo por el personaje que la dice y por el momento en que la dice,
"...y ahora creo que odio a Dios, si es que existe, porque si alguien lucha por él como lo hacen ellos y lo consiente es que ese Dios es una mierda. Y no escandalices, madre. Tú aún crees en el cielo y el infierno, pero el que está en el infierno sin haberse muerto soy yo." Página 169.

Un saludo, Lola.

martes, 28 de agosto de 2012

MAUS. Art Spiegelman

Es difícil encontrar las palabras cuando se intenta escribir sobre el trato que se daba a los prisioneros judíos en los campos de concentración nazi. Por más que uno imagine, lo más probable es estar lejos de la realidad, detalle que aún me hace tener fe en el ser humano, aunque cada vez es más difícil sólo con ver el telediario, e incluso ocurre que por más que se lea o se conozca, siempre se descubren nuevos episodios, cada cual más espeluznante que el anterior. Ay. No me siento capacitado para reconstruir una realidad que es peor que mis sueños más funestos. - Página 176-. Creo que nunca llegaremos a conocer la magnitud de lo que allí ocurrió.

Me animé a leer esta novela gráfica justo el día antes de irme de vacaciones, cuando sólo quedaban unos minutos para que sonara la campana que me declararía oficialmente libre. Nunca me había llamado la atención esta novela pues presentía que no sería una lectura agradable pero después de ver la película Los falsificadores de Stefan Ruzowitzky sobre la Operación Bernhard, me resultó muy difícil seguir ignorando la recomendación de cierta persona que ya lo había leído y no paraba de recomendármela. Art Spiegelman comienza a interesarse por la vida de su padre como parte de su proyecto más personal y ambicioso. Pero en esta obra, no sólo abarca episodios de las vivencias de sus padres desde que se conocieron en Sosnowiec hasta que fueron perseguidos e internados en varios campos de concentración hasta el final de la Guerra sino que también analiza la relación que mantiene con su padre en ese momento, dos hombres pertenecientes a dos generaciones y casi a dos mundos totalmente distintos, demostrando lo difícil que resulta entender lo que no se ha vivido. Quizá tu padre necesitara tener siempre la razón, demostrar que siempre podría sobrevivir, porque se sentía culpable de haber sobrevivido, -Página 204-. Art no es capaz de comprender y aguantar las manías de su padre, se muestra celoso del hermano fantasma que nunca llegó a conocer, de aquella foto del niño perfecto, que nunca hizo nada malo. Por su parte, Vladek sí que se muestra, en ocasiones, incapaz de dominar su carácter haciendo que sea imposible convivir con él, pero en otras, es en parte conciliador, quizá un poco ante la necesidad de compensar el trato que le procesaba cuando Art sólo era un niño, También nos acerca a lo que supuso para él todo el proceso de desarrollo de la obra. Todo aquello a lo que se vio obligado a plantearse

Cosas que me han resultado curiosas: En cierto momento de la historia el propio Art se plantea la posibilidad de estar ofreciendo una imagen  estereotipada de su padre como el típico judío tacaño y avaro, y sí que es verdad que en ocasiones se muestra demasiado extremo pero se podría entender como la menor de las consecuencias de quien ha tenido que sobrevivir a las mayores penosidades y miserias que desde nuestra posición seamos capaces de imaginar. Vivir el miedo constante y el desconocimiento sobre un futuro incierto. Ser sabedor o no de que tener recursos y contar con un poco de suerte es lo que marca la diferencia entre estar vivo o muerto. La vida siempre elige el lado de la vida, y se culpa a las víctimas. Pero no sobrevivieron los mejores, ni murieron los mejores. ¡Fue el azar! -Página 205-.
Una frase que aún hoy me da qué pensar, De todos modos, las víctimas nunca podrán contar su versión de la historia, así que quizá sea mejor no contar más historias. -Página 205-. Y una viñeta espantosa y que creo que es la que más he contemplado durante toda la lectura, no os creeríais las veces que he vuelto a esa página, la 201, para mirarla pese a lo que muestra.
Y algo más trivial pero que también me intriga, sin duda de una manera distinta a todo lo anterior: la elección de los animales que personifican a todas las partes implicadas en esta obra, ¿responde a algún tipo de lógica o planteamiento?, ¿responde a algún tipo de prejuicio o estereotipo, que seguro se me escapa?, o ¿es azaroso el hecho de que los polacos sean cerdos, los americanos aparezcan como perros o los franceses en forma de ranas?

Una obra de obligada lectura que hace agradecer el hecho de no haber vivido aquel horror qué no sé muy bien cómo pudo haberse permitido pues no fueron hechos aislados sino años de torturas.

Un saludo, Lola.

viernes, 3 de agosto de 2012

(Casi) de vacaciones

Sólo me quedan unas horas para estar, oficialmente, de vacaciones. Ha sido duro pero estoy segura de que merecerá la pena. Creo estar preparada para la desconexión - la física y la mental, necesarias, y la tecnológica, obligada, porque sí aunque sea difícil de creer, todavía hay lugares, no tan recónditos, a los que Internet se resiste a llegar- , además soy consciente de que será vital para mí que disfrute de estas tres semanas de vacaciones pues septiembre será lluvioso.

Aún no he preparado la maleta, tengo algunas dudas porque en el lugar elegido para mi descanso nunca se sabe con certeza el tiempo que hará, pero lo que sí tengo claro son tres cosas que no se me olvidarán, Danza de dragones, El sanador de caballos y El príncipe mecánico -menos mal que no tendré que pagar por sobrecarga...!-, aunque creo que con esto no será suficiente, no?, tendré que meter también algo de ropa. Ya os contaré a la vuelta pero todo apunta a que mi elección ha sido más que acertada pues no he podido evitar la tentación de empezarlos un poquito -sí, los tres-.

Espero que por aquí todo siga igual a mi regreso y que hayáis disfrutado de vuestras particulares vacaciones, seguro que este año nos las hemos ganado más que ningún otro.

Un saludo, Lola.

jueves, 2 de agosto de 2012

LA FRASE DEL DÍA

Diego, casi tumbado sobre el cuello de su yegua, le hablaba con ternura, animándola a explotar el poderío de su raza, la fortaleza que su noble sangre tenía.



Página 31. El sanador de caballos. Gonzalo Giner.

miércoles, 1 de agosto de 2012

LA FRASE DEL DÍA

Sueña con metas altas y volarás como las águilas. Busca al que sea sabio y aprende con él. Usa bien la ambición sin por ello dañar a nadie. No hagas que tengan que recriminarte en tu trabajo, hazlo siempre bien. E intenta ganar cuando te hagan competir. No te dejes avasallar por nadie y aunque hayas nacido en un hogar humilde, no te consideres por ello indigno. [..] Hijo mío, jamás olvides que tuviste un padre que te quiso más que a nada en el mundo, y que un día, orgulloso, te mirará desde el cielo.

Página 17. El sanador de caballos. Gonzalo Giner.


La verdad es que no se me ocurre una mejor filosofía de vida.

martes, 24 de julio de 2012

El abuelo que saltó por la ventana y se largó. Jonas Jonasson

Hoy es mi día sincero, no sé, me lo noto, y si tengo que ser fiel a ese sentimiento he de decir que nunca me atrajo el argumento de esta novela, ni tampoco su título, ni su protagonista, pero no hay nada mejor que verse obligada por todo un entorno. Es una presión de siete horas al día, cinco días a la semana. De ahí a indagar un poco, comenzar sabiendo que las impresiones de terceros son positivas, y ponerse manos a la obra como si de un reto personal se tratara, sólo hay que dar un paso. Acabo de terminarlo y tengo la impresión de que han sido las semanas más agradables de los últimos meses. Es una lectura encantadora, amable y positiva, escrita de una manera muy sugerente, llena de un humor muy especial y sincero. El mismo humor del que se sirve Jonas Jonasson para ajusticiar a los personajes y acontecimientos más importantes del siglo XX. No hay nada más rejuvenecedor que despacharse a gusto respecto al funcionamiento de la vida en general y del ser humano en particular, a través de un personaje que precisamente carece de intereses políticos, ideológicos y religiosos. Cien años dan para mucho y más cuando se es un espíritu inquieto como el de Allan Emmanuel Karlsson.

El día en que Allan cumple cien años, un dos de mayo de 2005, es el que elige para acabar con los monótonos y amargados meses que lleva viviendo en la residencia de ancianos de Malmköping. Saltar de la venta de un primer piso por una enredadera no debe ser tarea fácil ni siquiera en el caso de contar con unos años menos, pero supongo que a este respecto es cuestión de ponerle ganas y voluntad. Un momento...releyendo este párrafo parece que lo que pretende Allan es poner fin, literalmente, a sus días, y, en parte, sí que pretende hacer un largo viaje, puede que el último de su longéva vida, pero no hacía ese lado, no hacia arriba, si no lo más lejos que le lleven en autobús las cincuenta coronas con que cuenta. Desde luego que será un viaje interesante, en el que conocerá a gente interesante con la que correrá interesantes aventuras. Lo mejor es que, poco a poco, nos daremos cuenta de que esa ha sido la tónica de su vida y quizá sin pretenderlo, fue testigo y en parte, protagonista de hechos clave para la historia universal. Desde que volara por accidente el coche de un vecino, vecino incluido, y tras pasar unos años en un sanatorio mental, viajará al rededor de un mundo lleno de intrigas y corrupciones en el que no es difícil que destaque una personalidad tan limpia e inocente como la de Allan.

Una novela llena de personajes, de vidas originalmente curiosas, en la que cuesta diferenciar la realidad de la ficción pero que seguro supuso un gran trabajo previo para el autor. Supongo que no es fácil ligar la historia real con anécdotas ficticias de forma que la novela no se convierta en un esperpento caro de digerir, al menos para el lector de a pie, otra cosa habría sido conocer al opinión de algunos de los personajes históricos referenciados en esta novela. A mi como mera espectadora me ha parecido una novela inolvidable, sin duda lo más placentero que he leído en meses. Pero claro, si hoy es mi día sincero debo decir que la manera en que se resuelve el misterio de la huída de Allan y compañía se me antoja poco preciso, Jonasson pecó de pocas palabras.

Un saludo, Lola.

P.D: me propuse acabar la reseña con alguna frase que fuera representativa de la novela pero al final me di cuenta de que terminaría por reproducir casi la totalidad de la misma. Así que tendréis que leerla ;)