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jueves, 20 de noviembre de 2014

El año que pasé con Bevilaqua y Chamorro. Los cuerpos extraños

El cuerpo de la actual alcaldesa de un pueblo valenciano aparece semidesnudo y con marcas de estrangulamiento en una playa próxima a su lugar de residencia. El capitán Pereira sólo confía en Vila y su equipo para investigar, con la máxima discreción, una muerte en la que podrían estar implicadas algunas de las personas más influyentes de la zona, o lo que es lo mismo concejales de urbanismo, empresarios del ocio y de la noche, constructores.... Pero en este caso, Vila no sólo deberá centrarse en esclarecer la muerte de Karen Ortí Hansen, con sus muchos posibles sospechosos, porque la alcaldesa se ganó unos cuantos enemigos, y sus escasas pistas, si no que deberá lidiar con las rencillas locales y la oculta vida sentimental de Karen, además de trabajar cuidándose de los intereses de sus superiores y de la clase política en general.

Al final, en las novelas de Silva sólo hay dos posibles culpables, los muy evidentes o los más insospechados, sólo queda entonces resolver la forma de dar con ellos.
Creo que a estas alturas no es necesario añadir nada a este respecto. Uno más para la lista. El estilo del autor sigue la misma línea. La temática elegida para esta historia es bastante actual, hablar de una corrupción a la que tristemente estamos más que acostumbrados hasta como que carece de mérito, y es más que evidente que la población está cansada de la clase política y sus chanchullos. Que aparezca un cadáver en una playa es lo único que Silva necesita incluir para crear su historia. Así que supongo que la gracia de esta novela se encuentra en la vida diaria y en los sentimientos y confidencias que nos revelan unos personajes a los que ya se les empieza a coger cariño. Si me tengo que quedar con algo de esta nueva entrega estoy segura de que es eso. Una novela que no deja de ser entretenida pero que no estaría dentro de mis favoritas de la serie.

Un saludo, Lola.

viernes, 14 de noviembre de 2014

LA FRASE DEL DÍA

No se culpe. Lo que pudo haber sido nunca importa. Por algo no fue.

Los cuerpos extraños. Lorenzo Silva. Página 218.

jueves, 31 de julio de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. LA MARCA DEL MERIDIANO

Os adelanto desde ya que en esta reseña seré breve por dos razones. Primera, me voy de vacaciones y no tengo mucho tiempo para dedicarle a esto. Es como una tarea pendiente e ineludible que tengo que llevar a cabo antes del fin de semana, así que cuanto antes, mejor. Y segunda, me da la sensación de que después de seis novelas sobre los mismos temas y con los mismos protagonistas, empiezo a repetirme. Siento que ya no sé qué decir que no haya dicho antes. Así que creo que con la séptima lo mejor para todos es que vaya al grano.

Resulta que llegan a manos del (ahora) coronel Pereira las fotografías de un subteniente retirado al que han colgado de un puente en Logroño. Pereira confía en Vila para llevar el caso no sólo por su más que demostrada competencia, si no por los años de servicio que compartieron en Barcelona. Rafael Robles fue su superior y mentor durante los años en que estuvo destinado en la ciudad condal y ya coincidió con él años atrás en la resolución del caso de Neus Barutell. Así que Vila se siente obligado a esclarecer su asesinato, además de porque así se lo requiere un superior, por el deber moral que le une a Robles y el respeto que siempre sintió hacía a su persona. Todo se enreda bastante, aunque consiguen apañarse bien, porque son varias las jurisdicciones que afectan al caso y varios los cuerpos de seguridad que deben trabajar en él. Además, para rizar el rizo, entra en juego el brigada López de Asuntos Internos. Supongo que de este detalle es fácil deducir que en esta historia se descubrirán algunos trapos sucios del Cuerpo. Ovejas negras que no merecen vestir el uniforme ni servir a la seguridad del ciudadano. Guardias que decidieron cruzar la linea y que deberán pagar por ello por legítimos (o no) que fueran sus motivos. Con su regreso a Barcelona, Vila tendrá que hacer frente, de una vez por todas y por dolorosos que le sean, a sus recuerdos de los años vividos en Barcelona, de cómo lo tuvo y lo perdió todo. Esta vez no le resultará tan fácil desterrarlos a lo más profundo de su memoria como ya lo hiciera la última vez que recorrió las calles de esa ciudad. Al mismo tiempo, tendrá que esquivar los recelos de Chamorro, que muy bien intuye que Vila no es del todo sincero respecto a lo que puede saber sobre los trabajos que realizaba Robles y los motivos que llevaron a sus asesinos a ajustarle las cuentas de la manera en que lo hicieron.

Nuevas incorporaciones, ascensos en la escala de mandos, todos más viejos, más sabios y más templados pero la misma conclusión, el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Las tentaciones son difíciles de rechazar cuando se presentan delante de uno y más, cuando ese uno dispone de cierta ventaja respecto del resto y carece de un mínimo de escrúpulos. Negocios sucios, tráfico de personas, prostitución, drogas, corrupción...esta historia no se priva de nada. Una vez más, se utiliza esta novela para hacer una crítica de las condiciones bajo las que debe trabajar la Guardia Civil, se vuelven a mencionar las diferencias legendarias entre madrileños y catalanes, y algo que creo que es personal y que debe responder a algún episodio traumático vivido por el propio Lorenzo Silva, las compañías aéreas low cost vuelven a ser objeto de la ira del autor. Personalmente, no estoy muy de acuerdo con las conclusiones de Vila respecto del caso, aunque supongo que es inevitable medir con otro rasero cuando el afectado te toca de cerca.

Otra entrega, que todo parecía apuntar a que sería la última pero que resulta que no, de la serie de Bevilacqua y Chamorro y que aprovecho para recomendar aunque sólo sea por el rato de entretenimiento. Además creo que es de las que más me ha gustado leer, o menos me ha costado leer, quizá porque es la más intimista y en la que se revela parte de lo que atormenta al pobre de Vila. Ahora se entienden muchas cosas.

Ganó el Premio Planeta 2012, certamen en el que Silva participó con este manuscrito que entiendo, resultaría de todo menos anónimo, a no ser que se presentara a sus protagonistas bajo otros nombres. Pero... en fin, con estos calores propios del verano como que no apetece hacer una reflexión profunda sobre las justicias e injusticias del mundo editorial. Un mundo y un negocio que, dicho sea de paso, a mi se me queda grande pero que en mi imaginación se presenta como lleno de intereses, conspiraciones e intrigas. Ains! ¡Qué ganas tengo y qué falta me hace un descanso!

Un saludo y feliz verano, Lola.

P.D: Esto no acaba aquí, ahora tengo pendiente Los cuerpos extraños, y supongo que estaría bien una especie de reflexión final que recoja mis impresiones sobre la serie, no?. No sé si estoy preparada para algo así pero, en todo caso, eso será a la vuelta. Ahora sigo con la novela que me debía de Kenyon, que aunque da más calor del que quita, al menos no da en qué pensar.

P.D. 2: Por cierto, ¿qué tendrá pensado hacer Silva con Vila cuando tenga que jubilarle? Ahora ronda los cincuenta. ¿Qué le quedan, 10 o 15 años de servicio? ¿Le convertirá en un investigador privado, viejo y amargado, pero con la intuición necesaria como para seguir resolviendo asesinatos? Quién sabe, aunque eso suena más a novela, qué se yo... ¿americana?

jueves, 5 de junio de 2014

El año que pasé con Bevilaqua y Chamorro. LA ESTRATEGIA DEL AGUA

Vila comienza esta novela de mala leche y más desencantado con la sociedad de lo que es habitual en él porque a un juez se le ha ocurrido la idea de soltar a un tipo al que le costó mucho meter entre rejas. Incluso ha pensado en abandonar la empresa para la que trabaja. Así se entiende que no esté de humor para afrontar un nuevo caso que, a priori, no le atrae nada, la ejecución de un hombre en el ascensor de su propio edificio. La víctima es Óscar Santacruz y aunque al principio todo apunta a que los dos tiros se los había ganado por jugar dónde y con quién no debía, pronto se descubre que la realidad bien podía ser otra después de mantener sendas conversaciones con la hermana y la novia del fallecido. Aunque en un principio Vila manifiesta cierta cautela a la hora de considerar las declaraciones de ambas mujeres por la subjetividad que llevan implícitas, poco a poco, va descubriendo los hilos de una red en la que los celos, la soberbia y la traición, en un marco legal y judicial del que es posible cuestionarse su adaptabilidad a situaciones reales, se muestran como las motivaciones más bajas que llevan a un ser humano a creerse en posición de amenazar, perseguir y arrebatarle la vida a otro. Para este caso, además de con su ya inseparable Virgi, contará con la colaboración del guardia Juan Arnau, la nueva incorporación que será además objeto de las burlas de Vila, y con la cabo Salgado, a la que ya conocíamos de anteriores entregas pero que se nos muestra ahora como una auténtica revelación dentro de sus limitaciones, claro.

Parece que cada vez aguanto mejor, o me molestan menos, las reflexiones filosóficas de Vila, también es cierto que se ven agradablemente recompensadas con algunos de sus comentarios, diálogos y actuaciones. Una pena que esto esté llegando a su fin, por el momento y hasta que Silva quiera. Por otro lado, se agradece la incorporación de sangre fresca, creo que ya iba llegando la hora de las novedades. Ahora esto es un trío como dios manda. Además reconozco el carácter cada vez más humano de los personajes, que aciertan y se equivocan como el resto de los mortales, nótense a este efecto ciertos detalles entre Chamorro y Salgado. Supongo que siempre estaremos, por las razones que sean, atados al lastre de los prejuicios. Quizá estemos ante una de las consecuencias de nuestra condición de seres pensantes, dotados de raciocinio, que tienden a vivir en sociedad y a relacionarse con seres semejantes. En fin, supongo que habrá que aprender a vivir con ello porque no nos engañemos, nadie está libre de sucumbir a ellos. Además, creo que es un arma de doble filo pues nos sentimos enormemente satisfechos cuando acertamos con ese primer juicio, incluso nos enorgullecemos de nuestra intuición, pero inmensamente humillados en caso contrario por la injusticia que llegamos a cometer. Vaya creo se me está pegando esta fea manía de la reflexión gratuita.

En cuanto a la temática, creo que con esta historia Lorenzo Silva es especialmente duro respecto de las leyes que regulan la custodia de los hijos en los casos de divorcio, y expone la injusticia a la que se ve sometido el género masculino frente al femenino, cuando bien es verdad que la capacidad o incapacidad para hacerse cargo de los hijos no es cuestión de género si no de personalidad y es algo que consigue gracias a la identificación, aunque parcial, de Vila con la víctima. Ambos divorciados y obligados a ejercer la paternidad una vez cada dos fines de semana y quince días en vacaciones, claro que uno con más suerte que el otro. Además, en este caso, aprovecha para hacer extensible esta denuncia a las leyes relacionadas con la violencia de género. Unas medidas justas y necesarias siempre que se persiga a quienes traten de beneficiarse de estas leyes haciendo un mal uso de las mismas, y siempre que quienes están encargados de aplicarlas y hacerlas cumplir, cuenten con los medios y los recursos necesarios para tal efecto.

Respecto a esta novela, he de decir que es una de las que más me han gustado de la serie. A pesar de que su planteamiento es sencillo, resulta una historia con un desarrollo lógico, coherente e interesante - aunque hay un fleco que a mí se me queda suelto, pero también puede ser que sospechara sin razón -. Lo que apunta que el éxito no está en la complejidad, sino en el buen hacer. Pero desde ya puedo decir que esta no será mi favorita pues he leído la trasera de La marca del meridiano, y sólo con eso ya promete.

La estrategia del agua es la capacidad de adaptarse a las particularidades del terreno, a las vicisitudes que se nos muestran en el día a día, en la lucha que cada uno afronta como mejor puede y sabe, pero siempre con valor y resistencia, siempre con constancia y persistencia, sin dejarse vencer o doblegar. Así, de una u otra manera, el alma perdura. Más allá de que esta idea surge como planteamiento de una estrategia bélica, creo que no hay guerra más encarnizada que las batallas del día a día. Como filosofía de vida no está nada mal. Con esto me quedo...

Un saludo, Lola.

P.D: Justo después de escribir esto me entero de que Lorenzo Silva acaba de publicar otra novela para Vila y Chamorro, Los cuerpos extraños. La cosa tiene delito!

jueves, 8 de mayo de 2014

El año que pasé con Bevilaqua y Chamorro. LA REINA SIN ESPEJO

Neus Barutell, una famosa presentadora de TV, aparece apuñalada en su casa de Zaragoza. Todo apunta a un crimen pasional, por las circunstancias en que la policía encuentra el cuerpo, pero en el que el marido queda descartado desde el minuto cero por tener coartada. Además, pronto se descubrirá que el suyo era un matrimonio peculiar, basado en el respeto y la admiración, pero en el que cada uno era poseedor de su propio espacio. Vila y Chamorro acuden a Zaragoza para ayudar en la investigación y pronto deben trasladarse a Barcelona ya que la vida de Neus se desarrollaba en la Ciudad Condal. Madrid-Zaragoza-Barcelona, Guardia Civil-Policía Local-Mossos d'Escuadra, una combinación curiosa, interesante y prometedora.

Pese a que es parte de su trabajo y ha de resignarse a ello, a Vila no le hace demasiada ilusión volver a la ciudad que le acogió durante tres años de su servicio. Al parecer, algo pasó durante ese tiempo, algo de lo que Vila no está muy orgulloso, y que consiguió marcarle para los restos. Por si esto fuera poco, en varias ocasiones da a entender que, con su traslado a Madrid, se dejó a alguien allí sin que todavía conozcamos las circunstancias en las que eso ocurrió. Mi lectura al respecto es que, desde ese momento, su vida se vio afectada de manera considerable pero no ha pasado una sola noche sin que se pregunte que hubiera pasado si... Así que no nos queda otra que hacer frente a un Vila mucho más melancólico y derrotado, atormentado por los fantasmas que dejó en Barcelona diez años atrás. Hay un personaje que aparece en esta novela, un tal Robles, que vivió lo que vivió Vila y que creo que volverá a aparecer en un futuro no muy lejano ayudándonos a descubrir el pastel. No sé por qué pero me da que no nos va a gustar mucho lo que nos desvele, o nos hará considerar a Vila desde otra perspectiva. Claro, que todo esto son conjeturas personales y puede que me equivoque de largo.
En este punto, he de confesar que por más que lo intento, sigo sin pillarle el punto a Vila cuando empieza a dar rienda suelta a su palabrería, de hecho creo que algunas de sus reflexiones me sobran, y creo que en ocasiones, aunque él lo niegue, observa a los que le rodean desde una posición elevada, emitiendo juicios de valor enmascarados. Aunque entiendo que despierte curiosidad para con sus compañeros de oficio, no deja pasar la ocasión de demostrar lo que aprendió en la carrera, por mucho que reniegue de ello.
En cuanto a Chamorro, nada que añadir, sigue creciendo y evolucionando como persona, cada vez se muestra más confiada y Vila la tiene en muy buena estima por su valía como investigadora. Va sumando puntos.
Algo que me parece interesante y sobre lo que merece la pena reflexionar, es la idea que introduce Silva a través de la figura de Neus Barutell. Es inevitable que se cree cierta distancia entre los personajes que gozan de cierta fama y el resto de la humanidad, es lógico que el resto de los mortales necesitemos descubrirles las miserias propias de su condición humana, y es igualmente cierto, para bien o para mal, que en ocasiones les otorguemos un estatus, una imagen y una personalidad que están muy alejadas de la realidad, llegando a crear seres ideales. Así, Neus se debate entre su yo más íntimo y personal, la imagen que proyecta a través de los medios de comunicación y el personaje que de ella crean los demás. Supongo que en cierto modo, es como mirarse a través del espejo. No cabe duda de que son las consecuencias de la fama.

Poco más que añadir. La verdad es que hacia la mitad de la investigación, el caso parece que promete, pero su resolución termina siendo bastante simple. Nada retorcido. En realidad, se trata de no dejar cabos sueltos. En esta ocasión se vuelve a dar la circunstancia de que algunos de los que se encuentran junto a la línea se deciden a cruzarla, pura estadística según Vila. A parte de esto, hay un par de temas que aparecen en distintas partes de la narración. Sin intención de meterme mucho en el jardín que es la política, Silva alude en varias ocasiones al independentismo catalán y el sentimiento que despierta en los catalanes. Se sirve de una institución, la Guardia Civil, formada por personas que provienen de distintas partes del país para poner en contraste las distintas posiciones frente a este tema. En este sentido, creo que Silva no puede evitar caer en algunos tópicos. El cambio generacional es algo que también preocupa al autor, con este viaje, Vila se da cuenta de que se hace mayor, no sólo cuando mira hacia su hijo sino cuando lo hace hacia las nuevas promociones que van ingresando en el Cuerpo, comprobando que el abismo que se abre es cada vez mayor.

En fin, creo que me ratifico en lo dicho en anteriores reseñas. La novela, con su historia y sus personajes, es entretenida y proporciona un buen rato, pero sigo encontrando demasiados peros. Igual dentro de nada pasan a ser prejuicios y no consigo deshacerme de ellos ni con todo el empeño del mundo.

Un saludo, Lola.

P.D: Así fue como conoció, y no pudo resistir , la soledad inmensa y definitiva de la reina sin espejo. Página 379.

lunes, 5 de mayo de 2014

LA FRASE DEL DÍA

Quizá la sabiduría de un hombre no se mida tanto por las luces que adquiere como por las sombras de las que acierta a despojarse en el camino de la vida.


Página 258. La reina sin espejo. Lorenzo Silva.

martes, 1 de abril de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. LA NIEBLA Y LA DONCELLA

En esta ocasión, Vila y Chamorro aterrizan en La Gomera por expreso deseo del destino, y la reapertura de un caso que tuvo lugar hace algo más de dos años, todo hay que decirlo. El ahora subdelegado del gobierno es familiar de la madre del chico al que encontraron asesinado en el parque nacional de la isla, y ésta no parará de presionarle hasta que consiga que se vuelva a investigar todo lo relacionado con la muerte de su hijo pues el que fuera acusado entonces, Juan Luis Gómez Padilla, en ese momento concejal y vicepresidente del cabildo insular, fue declarado inocente después, eso sí, de pasar un año en prisión. Los dos investigadores vuelven a repasar todos los detalles del caso cuyo desarrollo parece, a primera vista, bastante lógico, contando esta vez con la ayuda de la guardia Anglada, una joven que entonces estaba destinada en La Gomera y que participó directamente en la investigación.
En un paisaje de una belleza exuberante y casi fantasmagórica, Vila y Chamorro deberán andar el camino que antes andaran sus compañeros rezando por tener mejor suerte que ellos, o quizá no sea una cuestión de azar sino de atención, concentración y madurez. Lo que está claro es que nunca hay que dejarse llevar por las apariencias o los deseos personales. Las pasiones nublan la razón - no se dónde he oído esto antes pero os aseguro que no puede ser más acertado, dado el caso que nos ocupa -.

La conclusión más directa y evidente; parece fácil, aunque no ineludible, dejarse llevar y verse arrastrado por el bando contra el que se lucha. Supongo que cuando la oportunidad se tiene tan cerca como para poder tocarla con la punta de los dedos y las supuestas ventajas son tan seductoras, cuesta mantener la rectitud moral y, aunque se puedan mantener ciertos valores, es duro renunciar al dinero que dicha actividad pueda reportar, más cuando se tiene una visión fatalista del presente y el futuro, se goza de un mínimo de poder y se tiene la certeza absoluta de que nada puede fallar. Supongo que lo que Silva pretende poner de manifiesto es la corruptividad de la carne, o si lo preferís, que el ser humano es débil por naturaleza, aunque hay algunos que lo llevan mejor que otros.

Dejando esto a un lado, creo que Lorenzo Silva se sirve de esta novela para teorizar sobre la muerte y sobre lo que ésta supone para el ser humano pues son muchas las reflexiones que se ofrecen a este respecto. Hay una frase que me ha llamado especialmente la atención, cuando Vila declara, ...y que saboreo, a través de esa persona cercana, la muerte que quizá no seré capaz de saborear en mí mismo, cuando me toque. Página 272. Creo que se refiere a que el dolor que puede experimentarse con la muerte de un ser querido sería muy próximo al que podría sentirse ante la muerte propia. Es como una extensión de ese dolor.

Tampoco pasa desapercibida la crítica que hace, a través de Vila, en relación al sistema judicial y penitenciario. Simplemente no confía en las cárceles como centros de reinserción si no existe una intención de reeducación por parte del individuo y según él, eso depende mucho del futuro que le espere fuera de ese centro, aunque eso no significa ni mucho menos que esté de acuerdo con otros tipos de castigo. Otro aspecto curioso, que no sé hasta que punto se corresponderá con el sentimiento real que se tenga desde el punto de vista del guardia civil, es la imagen de los jueces como niños malcriados y prepotentes, deseosos de marcar las distancias y de que se les reconozca su estatus y el poder que éste les reporta. En ocasiones incluso, tanto jueces como abogados y fiscales, los de las togas negras, son presentados como seres despiadados que no tienen en consideración los sentimientos de los familiares, testigos o imputados.

Hay cosas que no me gustan, como el contexto familiar de Vila, que en esta novela aparece de la nada como si siempre hubiera estado allí. No es que no me guste, de hecho agradezco que tenga vida fuera del Cuerpo, es sólo la forma de presentarlo, así a quemarropa y sin previo aviso, consiguiendo que aflore un sentimiento de traición al menos en mí, como lectora - igual suena tremendista, quizá sea una actitud contagiosa-. Me niego a presuponer que esa parcela de la vida personal del sargento no formara parte del plan inicial, prefiero pecar de romántica y creer que fue el propio Silva el que necesitó saber más de los personajes que él mismo había creado y decidió que lo justo era situarlos en un plano más real y dotarles de un contexto. Prefiero pensar que en esta novela los personajes empezaron a formar parte de su autor. Tampoco me agrada la pomposidad innecesaria que el sargento Vila aporta a sus discursos, pero eso ya lo sabíais. Lo que sí creo es que cada vez más, con cada novela, la personalidad de Vila se muestra más marcada y perfilada, que poco a poco se va aproximando a lo que se conoce como el antihéroe, ese sujeto atormentado, pesimista y pesaroso, desconocedor de sus virtudes, que ejerce sobre él una fuerte autocrítica porque todo es culpa suya y podría haberlo evitado si no fuera un cafre. - Además es una forma de encontrarme con los míos. He caído derrotado a menudo, página 215-. Menos mal que Chamorro está a su lado para aliviarle la carga.
Igual ocurre con otros personajes que aparecen en esta historia y en los que se repite la particularidad de que, a raíz de determinados acontecimientos ocurridos en su vida, han llegado a conocerse a sí mismos, como seres humanos. Así, el autojuicio está muy presente a lo largo de toda la narración y me he dado cuenta de que, pese a que lo más lógico y natural sería que uno fuera benévolo con sigo mismo, en realidad es todo lo contrario. Se tiende a ser mucho más duro, cruel e intransigente.
Otro aspecto positivo que aportar es que después de leer esta novela, tengo la firme sensación de que en ella, Silva apuesta más fuerte y se atreve a rebasar ciertos límites a los que ni se acercaba en las novelas anteriores, igual las historias no lo requerían, pero me ha parecido más atrevido. Como para empezar a tomarle en serio. De cualquier forma, la historia es bastante entretenida y en un punto, es hasta imprevisible.

Un saludo, Lola.

P.D: Nadie podía impedir, una vez que ellas lo habían decidido, aquel misterioso y fatídico abrazo entre la niebla y la doncella - Página 355-


 P. D 2: si lo que describe Lorenzo Silva en esta novela es cierto y tengo la ocasión, procuraré no perderme el paisaje de La Gomera.

sábado, 1 de marzo de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. EL ALQUIMISTA IMPACIENTE

Bien, pues esta es la segunda historia en la que la pareja de detectives formada por Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro se ve involucrada. El alquimista impaciente, aquel que en su obsesión por la transmutación de los metales lo que obtiene es una versión empeorada y corrompida de su propia naturaleza.

Supongo que ha pasado algún tiempo desde que resolvieran el asesinato de la joven aparecida en Mallorca pues la relación entre ambos investigadores se muestra más estable. Ambos se han aceptado como pareja de trabajo, se conocen mejor y son capaces de aventurar las reacciones del otro ante determinados acontecimientos, personajes del día a día o comentarios. Ahora les toca enfrentarse al hallazgo del cuerpo de un hombre de mediana edad, en la habitación de un motel en una zona - indeterminada, incierta, desconocida -de la Alcarria, y colocado en una posición según la cual todo parece apuntar a que la muerte pudo deberse al desarrollo de determinadas prácticas sexuales. Vila y Chamorro consiguen llegar a la escena mucho antes de que el juez levante el cadáver o de que la policía científica lo ponga todo patas arriba, de manera que consiguen tener acceso a información de primera mano, así como a la identidad de la víctima y a una serie de conexiones interesantes a partir de la cuales dirigir sus investigaciones. Pero, a pesar de determinados datos que resultaban prometedores, el caso no avanza, el tiempo pasa sin pistas ni sospechosos determinantes y, finalmente, la investigación deberá cerrarse. Algo que tampoco ayudará a esta pareja es la carismática personalidad de la víctima y su ejemplar comportamiento, que harán imposible poder relacionarla con ningún tipo de negocio turbio o ilegal. Pero el destino es caprichoso y gracias a una serie de casualidades, el caso podrá reabrirse y destapará un retorcido plan en el que la ambición, el orgullo, el poder y el dinero, darán cuenta de otro oscuro y primario pliegue de la naturaleza humana.

Una vez leída esta novela, he de reconocer que me gusta mucho la relación que se va creando entre Vila y Chamorro, basada en el tira y afloja de esa confianza que resulta inevitable cuando se trabaja a diario y durante una cantidad importante de horas junto a otra una persona, y la necesidad del respecto a los galones, en una entidad en la que la escala de mandos y la jerarquía son esenciales. Por otro lado, me encantan los dilemas interiores de Vila, que oscilan entre la sorpresa, la admiración, el cariño y el afecto hacía su compañera. Creo que, en alguna ocasión, le gustaría cruzar la línea, pero supongo que tienen más peso las consecuencias que tendrían esos actos. En la parte contraria, me da la sensación que lo de Virginia es pura admiración, y que la siente tanto hacia la persona como hacia el profesional. Igual, con el tiempo, nos descubre que lo suyo, en realidad, era amor sincero y verdadero, - no me lo perdería por nada del mundo -.
En lo referente a la historia, no sé, pero me parece que en definitiva y analizándolo con cierta perspectiva, resulta bastante sosa y nada interesante. Es una pena porque creo que Silva tiene muy buenas ideas. De hecho, la novela empieza de una manera lo bastante inquietante como para querer seguir leyendo, pero según avanza la narración, la historia pierde fuerza y termina por quedarse en poco. Otra cosa son las ayudas inesperadas del destino, que no digo que no puedan existir pero que resultan difíciles de creer. En este caso concreto, creo que el hecho de que la investigación sufra un parón de meses y se alargue en el tiempo, es una circunstancia que se nota en la lectura y no juega nada en su favor. Tengo que decir que me gustó mucho más El lejano país de los estanques, pero esto como lo demás, son sólo opiniones personales y subjetivas.

De cualquier manera, es innegable que ciertamente resulta una buena lectura, de ésas con las que se pasa un rato entretenido pero sin nada más que poder comentar al respecto. No he sido capaz de ver si existe algún tipo de moraleja o de reflexión digna de considerar. Podríamos hablar de la corrupción, del poder del dinero, pero nada de esto resultaría más escandaloso que lo que vemos en el telediario todos los días, claro que igual habría que tener en cuenta que esta novela se escribió en el 1999. No recuerdo si por aquel entonces la cosa era ya tan evidente.

Un saludo, Lola.

P. D: Creo que existe una adaptación de esta novela con Ingrid Rubio y Roberto Enríquez, pero por el momento no me apetece ni oír hablar de ella.

miércoles, 26 de febrero de 2014

LA FRASE (FRAGMENTO) DEL DÍA

Los policías científicos son sujetos que nunca se precipitan. No aseguran nada que no hayan confirmado en la pulcra soledad de su laboratorio. A veces me parece que desprecian un poco a la gente como yo, gente que vive de barruntos confusos y razonamientos inciertos, único material deductivo que me acompaña durante una buena parte de mis investigaciones.

Página 19. El alquimista impaciente. Lorenzo Silva.



Yo nunca he sido de las que piensan que nadie se conoce mejor que uno mismo, pero en este caso, Vila no podía haber dado una definición más precisa de su propia persona.

domingo, 2 de febrero de 2014

El año que pasé con Bevilacqua y Chamorro. EL LEJANO PAÍS DE LOS ESTANQUES.

Os cuento mi plan. Este año tengo la intención de ponerme, al fin, con Lorenzo Silva. Hace años que me ronda la idea de leer la serie que protagonizan Rubén Bevilacqua, sargento de la Guardia Civil, y la guardia Virginia Chamorro. Ya había leído a Silva en La flaqueza del bolchevique, y me habían hablado muy bien de estas novelas, pero me pareció que lo más justo sería empezar por el principio, aunque he de confesar que hace un par de años ya existió un acercamiento con Nadie vale más que otro, una recopilación de casos investigados por la ya consolidada pareja. Desde entonces, se convirtió en una asignatura pendiente, como uno de esos propósitos que se hacen a comienzo de cada año pero que luego nunca se cumplen. Parece ser que los astros se han alineado de tal manera para que en 2014 esto tome forma.


Era primavera, y las golondrinas, al pasar, se mojaban las puntas de las alas en las aguas oscuras del lejano país de los estanques (Virginia Wolf) (en la novela de Silva, página 281)

En Mallorca, el verano ya toca a su fin cuando una joven austriaca aparece asesinada en el chalet que comparte con la que podría ser su amante. El cuerpo desnudo de Eva Heydrich aparece colgado de una viga del salón y todo apunta a que la dueña de la casa,  Regina Bolzano, desaparecida desde hace unos días, es la autora del crimen pues no ha sido difícil encontrar el arma con sus huellas. El asunto parece claro, pero para confirmar todas las sospechas y conseguir las pruebas necesarias, además de dar con el paradero de Bolzano, viajan desde Madrid dos miembros de la Guardia Civil, el sargento Bevilacqua y la guardia Chamorro, con órdenes de atar todos los cabos y cerrar el caso según la línea de investigación marcada por los agentes de Palma. Pero ya desde el principio, el instinto le dice a Bevilacqua que podrían existir otras hipótesis. Así, ambos investigadores, que desde Madrid no empiezan con buen pie debido a sus experiencias personales y laborales, tendrán que colaborar y trabajar junto con los agentes de Palma para esclarecer todos los acontecimientos que rodearon la muerte de Eva. No muy tarde descubren que durante los días que pasó en la isla, la joven se ganó la enemistad de muchos habitantes de la zona, complicando el caso aún más. El resultado es una historia marcada por turbulentos sentimientos y oscuras intenciones. Después de todo, cabe la posibilidad de que el ser humano nunca esté libre de todo prejuicio. Por muchos años que perdure la humanidad, el hombre siempre se creerá con derecho a juzgar.

Rubén Bevilacqua es un hombre de mediana edad, de sólidos principios, aunque a veces algo subjetivos, honesto y riguroso pero que se deja llevar por sus instintos. Un buen investigador al que le gusta la seguridad de su cargo, pues considera el simple hecho de seguir las órdenes de sus superiores como una manera cómoda de no tener que cuestionarse determinadas cosas. La curiosidad de su apellido le lleva a sospechar que alguien de su familia pudiera ser de origen italiano, pero lo más dramático es que carga con un oscuro secreto, que de momento sólo ha sido sutilmente insinuado, y que guarda desde que su madre regresara de Uruguay con él, pero sin su padre. Y Virginia Chamorro es una joven guardia de veinticinco años, resignada a ingresar en la Guardia Civil después de ser rechazada en varias ocasiones por el ejército. Es disciplinada, inteligente y tímida, lo que hace que el resto de sus compañeros pongan distancia. Acaba de empezar en el Cuerpo por lo que su experiencia es escasa pero apunta maneras. Ya veremos cómo se va desarrollando la relación entre ambos personajes a lo largo de las siguientes novelas. Sin duda, los dos forman una pareja perfecta por lo diferente de sus caracteres.

De esta lectura, me gusta la inquietante idea de no saber hasta el final quién es el autor del crimen, aunque me niego a renunciar a ese momento en el que como persona ajena a la acción, el lector es consciente de quién es el asesino. Ese instante en el que uno, desde la más tierna de las ingenuidades, piensa que va por delante de los protagonistas. Habría que estar muy atentos a las pistas que se dan a lo largo de la investigación y ser muy perspicaz para adelantarse a estos dos - a Chamorro y Bevilacqua -, y de hecho es de agradecer la reflexión final en la que se pone orden a los acontecimientos y se explican las motivaciones de cada uno de los implicados - es como cuando estas leyendo y cada vez quedan menos páginas y vas y te preguntas: pero bueno, entonces quién ha sido?-. Claro que esto también puede ser peligroso si al mismo tiempo resulta desconcertante y exasperante para el lector. Además pese a que es una lectura limpia y no presenta ningún problema a la hora de seguir el hilo de la narración, incluso el vocabulario y la sintaxis empleados por Silva son agradablemente sencillos, Rubén Bevilacqua me resulta demasiado barroco y retorcido a la hora de expresarse, hasta el punto de que, en ocasiones, es difícil seguirle en sus reflexiones. Cuesta estar a su altura cuando habla de su trabajo y de las implicaciones morales y personales que supone para él. Por lo demás, una historia redonda. Sólo añadiré y a sabiendas de que está muy feo decirlo debido a las circunstancias, que me he reído mucho con algunas de las ocurrencias de Bevilacqua, un hombre muy ocurrente que pone en más de un apuro a Chamorro, siempre en pos de la investigación.

Esto no ha podido empezar mejor y me muero de ganas por leer el siguiente caso. Estoy deseando ver la evolución de los personajes y del autor. Al final, es de suponer que después de tantas historias, habrá un poco de cada uno en los otros y quién sabe, a lo mejor también termina por haber un poco de ellos en nosotros.

Un saludo, Lola.

P. D: Esta misma tarde empiezo con El alquimista impaciente.