Diego, casi tumbado sobre el cuello de su yegua, le hablaba con ternura, animándola a explotar el poderío de su raza, la fortaleza que su noble sangre tenía.
Página 31. El sanador de caballos. Gonzalo Giner.
Presence
Hace 44 minutos
Qué maravilla de novela!!! Giner me gusta mucho mucho...
ResponderEliminarBesos,
Y yo que sigo sin leer esta novela...
ResponderEliminarBesotes!!!